Ideologías radicales de extrema izquierda azotan nuestro país.
A los quórums supramayoritarios se les suelen reconocer tres atributos: primero, provocar la creación de consensos amplios; segundo, desincentivar actitudes partisanas intransigentes y, por último, proteger los derechos de las minorías (McGinnis, O. y Rappaport, M. B. Originalism and the good constitution, pp. 38-43).
A propósito de la columna de Gonzalo Valdés, sería bueno aclarar que Chile jamás ha tenido un sistema parlamentario en sentido estricto, donde el gobierno es establecido exclusivamente por el voto parlamentario.
El lector Mariano Fernández pretende, sin argumento, desechar los irrefutables datos sobre el daño que las ideas de izquierda han generado en California y que expuse en mi última columna.
La historia constitucional de Chile es una razón poderosa que debe estar presente en el proceso constituyente.
Al terminar el proceso constituyente que ahora empezamos sabremos si la Constitución de 1980 'neutralizaba la política' o sólo establecía límites a los políticos.
Sin perjuicio de que la historia constitucional será vital en el proceso constituyente, nunca podrá servir un argumento comodín destinado a aquietar artificialmente la incertidumbre que genera este proceso.
Llama la atención la inconsistencia que supone demandar más espacios de democracia directa en el proceso constituyente y al mismo tiempo pretender manipular la decisión popular del Plebiscito Nacional.
En más de una ocasión se ha comentado lo necesario que es para nuestra sociedad, y proyecto de país, seguir una senda común basada en nuestra propia historia, el respeto a las instituciones y habitantes.
Ya que los diputados y senadores están tirando toda nuestra institucionalidad a la chuña, el Presidente debería cambiar su pusilánime estrategia y frenar el desastroso caos en que está dejando nuestras pensiones, finanzas públicas y país.
Algunos parlamentarios, para justificar el segundo retiro de los fondos de pensión, han dicho que el esfuerzo del Gobierno ha sido insuficiente.
No le hace bien al proceso constituyente el mito según el cual hay un sector político que a través de la obtención de un poco más de un tercio de los convencionales tendría una facultad de veto que sería nociva para la redacción de una nueva Constitución.
El coliseo chileno está hambriento. Las masas gritan y por medio de sus trending topic y poderosísimos hashtags claman por espectáculo.
En este intercambio con Guillermo Larraín ha quedado claro: 1. Que el capitalismo, con la creación de riqueza que permite, es la condición necesaria para cualquier redistribución posterior de manos de un 'Estado benefactor' y no al revés...
Si bien, el Acuerdo del 15 de noviembre de 2019 fue el inicio del proceso constituyente ahora en curso, también fue el fin de una batalla cultural.
n carta de ayer, Guillermo Larraín señala que el Estado benefactor sería una 'condición habilitante' del capitalismo.
Este sábado venció el plazo establecido por el Servel para que renuncien las autoridades que deseen competir por un cargo de las elecciones populares del próximo año.
No hay que ser un experto en politica para notar la clara incomodidad de la oposición con el protagonismo de Pamela Jiles como la diva del Congreso.
Las constituciones 'son cadenas con las que los hombres se atan en sus momentos cuerdos para no morir por una mano suicida en el día de su frenesí.
La existencia de un plebiscito antes del proceso constituyente no es tan corriente en la experiencia comparada, máxime si lo contrastamos con el masivo uso de este mecanismo para efectos de ratificar una nueva constitución.
«La libertad es un derecho humano fundamental,
sin él no hay vida digna»