Identificar las similitudes entre las manifestaciones estadounidenses y el estallido social chileno es fácil, casi un deja vú. Sin embargo, destaca una diferencia que deja en evidencia la clase política que tenemos en el país.
Si hablamos del valor de los disidentes tendremos que hacerlo obligadamente de dos formas, no solo porque así lo exige la polisemia de la palabra “valor”, sino también porque ambos significados permiten observar con justicia los méritos de la legítima disidencia.
Hoy tenemos nuevos desafíos, y está en nosotros lograr balancear las situaciones en colaboración, con sensibilidad e inteligencia, con miras a un mejor futuro. En educación, por ejemplo, la libertad de enseñanza no puede disociarse del derecho de los niños a educarse.
El peronismo intenta disparar sin cuartel a sus adversarios de la zona y todavía más a su vecino, Chile, por la evidente diferencia política entre ambos gobiernos. Aquello habla más de un liderazgo maximalista adolescente que de un verdadero líder, como muchas veces se ha querido hacer ver al otro lado de la cordillera.
En carta a su diario, el director del servicio de migrantes jesuita, José Tomás Vicuña, hace un magnánimo llamado a pensar con profundidad, pero acto seguido asigna responsabilidades del terrible asesinato de un ser humano a “la sociedad”.
Ante este escenario detonado por el pánico, el Gobierno, que actuó con prudencia inicial en esta materia, debería considerar enmendar el rumbo que ha endurecido y ponernos en un camino de normalización definitiva, en el que aprendamos a convivir con el virus, el que, posiblemente, estará con nosotros por mucho tiempo.
La peor pandemia en más de un siglo está causando un duro revés en una de las luchas socioeconómicas más significativas que se han librado en la historia de América Latina como es la reducción de la pobreza. Si miramos nuestra región, parece indudable que los efectos económicos de la pandemia se traducirán no sólo en mayor desempleo, sino que en alzas significativas de los niveles de pobreza, no sólo en Chile, sino que en todo el continente.
Inspirado en el axioma fundamental del comunismo: 'Lo importante no es ganar, sino que los demás pierdan', parlamentarios de ese partido han presentado un proyecto de ley para gravar con impuesto el patrimonio de las personas, que es una palabra elegante para describir sus ahorros.
Por estos días, la pandemia vuelve a resonar en los oídos de la región del Biobío. Se vive una tensa calma, ya que por tres días consecutivo se obtuvo más de cien contagios y de los 631 casos activos, un tercio corresponde a las últimas 48 horas.
Mañana, la NASA y Space X lanzarán por primera vez una exploración comercial tripulada al espacio. Este hito marca el inicio de una nueva era espacial, donde más allá de las grandes potencias, los actores privados tomarán protagonismo.
La región del Biobío no ha estado exenta del virus que azota al mundo entero. Sin embargo, el panorama parece no ser tan desolador, como algunos quieren dibujarlo-generando un imaginario de volverse un Santiago 2.0-. Vamos a los números. La región concentra 1.428 casos positivos, de los cuales 944 se encuentran recuperados y solo 10 fallecidos.
Desde el 18 de octubre, los partidos de la ex Concertación han adoptado un mantra frente al gobierno: cualquier cosa que propongan es insuficiente, mala, improvisada, entre otros, porque el Gobierno no tiene legitimidad ante el pueblo chileno, y ellos, cegados por la ambición, se han proclamado defensores de la voluntad de la ciudadanía, siendo que sólo un 10% aprueba su actuar durante la pandemia.
La entrevista de Cristián Warnken a Jaime Mañalich la tarde del pasado domingo fue una pausa refrescante que muchos hemos sabido valorar y agradecer. En medio de tanto rifirrafe mediático materializado en pendencias matinales y sofocantes conferencias de prensa, vimos que todavía hay espacio para conversar, ¡y de qué forma!
Productividad, innovación, inversión de capital y trabajo serio son la alternativa a un modelo de rescate monetario abocado al fracaso.
Ahora el Covid les asestó el tiro de gracia y ha mostrado los efectos que tiene paralizar una economía o dejarla en estado de coma.
Se abre una nueva realidad para la exploración espacial en que los actores privados podrían optimizar los recursos.
Nuevamente en Chile, la “medicina política” podrá terminar siendo un mal mayor que la enfermedad original.
Ahora se espantan por el hambre. Igual bueno, hace años que venían ninguneándola.
Urge que el acuerdo económico y social vea pronto luz verde para paliar los efectos nocivos que tendrá esta pandemia.
Los hechos de violencia en La Araucanía no son parte de los libros de historia como quisiéramos.
«El progreso no es una bendición ininterrumpida.
A menudo viene con sacrificios y luchas»