El efecto cobra
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Publicado en El Mercurio, 21.11.2025
Publicado en El Mercurio, 21.11.2025
Autor: Fernando Claro
Señor Director:
Me temo que se equivoca Juan Ignacio Brito al sepultar la existencia de las ideas liberales entre los chilenos. Brito divide a los votantes chilenos en tres grupos que, según él, no serían liberales.
El primero, el socialista, es evidente que no es liberal, y ahí estoy con él: ellos simplemente no creen en los derechos humanos individuales ni en la separación de poderes —lo que quedó claro luego del tercio del Apruebo del 2022 y por más que se llenen la boca diciendo que los defienden—. Ahora parecen simplemente disputar el poder nada más que por el poder.
En fin, al segundo grupo de votantes chilenos, Brito los califica de «populistas», pero la verdad es que ellos no son populistas, si no que han votado a populistas, a candidatos demagógicos y antiélite, pero que no andan ofreciendo al Estado como solución. Los análisis de cómo piensan esos votantes los acercan a ideas que defienden irrestrictamente los derechos individuales —quizás demasiado, incluso—. Tienden, por lo tanto, a una sensibilidad liberal, aunque no sistematizada y menos disciplinada.
Al tercer grupo, Brito lo califica de conservador y alejado de las ideas liberales. Creo que esto también está mal, ya que ellos, se podrían dividir gruesamente entre conservadores-liberales, quienes creen en la separación de poderes y en los derechos individuales, y conservadores integristas, quienes, a pesar de ser pocos, son más escépticos de los derechos individuales, por pecaminosos y libertinos —los más sistemáticos eliminarían incluso el divorcio de nuestras posibilidades. No sé qué pensarán de los banqueros—.
Por esto creo que las ideas liberales sí están presentes entre la mayoría de los chilenos, solo que falta hacerlas explícitas, y es por esto mismo que la propuesta de Sebastián Soto, respondiendo a Brito en este diario, es la correcta: hay que volver a la alianza liberal-conservadora. Ésta, además de respetar la dignidad humana, y así, el proyecto de cada individuo genera tanto paz —y posibilidad de convivencia entre liberales, conservadores y socialistas— como progreso, porque defiende nítidamente los derechos individuales a la libre expresión y a la propiedad, entre otros.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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