La ideología Echeverría Tohá
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Publicado en El Líbero, 17.07.2026El crecimiento económico de lo que va del año ha sido lento. Tanto así que el cuco de la «recesión» vuelve a estar en boca de muchos. Pero, la recesión no existe. Al menos no de la forma en que muchos están hablando de este concepto. Lo que Chile está experimentando actualmente es otro fenómeno.
Un período de recesión es cuando la economía suelta el acelerador, y más bien comienza a frenar. Las expectativas hacia el futuro comienzan a mostrar mala cara, tanto para las familias y sus ingresos como las de los empresarios y sus inversiones. Ello genera un círculo vicioso en el que, al esperar menor consumo por parte de las familias, los empresarios dejan de producir, invertir y contratar personal como lo hacían antes, mientras que muchas familias pierden sus empleos, y las que no, prefieren ahorrar en vez de gastar. El pesimismo se expande y el problema continúa creciendo.
«La tendencia de nuestro crecimiento —ese que mejora nuestros salarios, crea empleo y mejora la calidad de bienes y servicios— ha venido en decadencia por ya más de una década, y la única forma de revertirla es haciendo las cosas distinto»
Para los jóvenes que están entrando al mercado laboral las noticias son todavía peores, ya que durante períodos de recesión, los salarios tienden a caer. Y entrar al mercado con una base salarial baja deja cicatrices difíciles de sanar. Un estudio de los economistas Altonji y Khan demostró que los salarios con cicatrices de recesión tienden a recuperarse, pero mucho más rápido para quienes estudiaron carreras más demandadas como las ingenierías. Los salarios de quienes estudiaron carreras menos demandadas —como las humanidades— podrían tardar entre 6 y 7 veces más en recuperarse. La creciente adopción de la IA, además, podría profundizar este problema. De ahí la importancia de elegir bien las carreras y entender su valor en el mercado. Quiroz advertía esto hace unos meses y lo llenaban de críticas.
Una recesión es un hoyo del que es difícil salir. Pero ¿cómo sabemos cuándo estamos en ese hoyo? Una regla tan conocida como errónea es la que define una recesión como un período de dos trimestres consecutivos de caídas en el crecimiento económico. En Chile, eso lo podemos medir con el PIB trimestral o, mejor aún, con el Índice Mensual de Actividad Económica (IMACEC) desestacionalizado que se publica mensualmente. El IMACEC del primer trimestre de 2026 cayó 0,3% comparado con el trimestre anterior. Si el segundo trimestre —cuya variación conoceremos a principios de agosto— también cae, esa regla decretaría recesión en Chile.
Afortunadamente, la regla de los dos trimestres consecutivos, en realidad, no existe. Fue un invento del periodismo, no de los gurús macroeconomistas. El National Bureau of Economics Research (NBER) —organismo generalmente encargado de decretar las recesiones en Estados Unidos— recomienda algo más útil: mirar las tendencias de los indicadores concretos que se publican mensualmente, tales como el desempleo, las remuneraciones reales, la producción industrial y las ventas del comercio.
Si bien esos cuatro indicadores empeoraron o se estancaron en durante lo que va del año, los primeros datos de junio son esperanzadores. Por ejemplo, las ventas de camiones en Chile —un buen indicador de actividad e inversión— pasó de haber caído interanualmente los primeros cinco meses del año a crecer un 23% en junio. ¿Será que lo estamos dando vuelta como Argentina?
Por otro lado, parte importante de la lentitud económica de lo que va de 2026 se debe a factores externos a nuestro país como la incertidumbre y alza de precios provocado por el conflicto en Medio Oriente, además de las distorsionadas bases de comparación que nos dejaron las exportaciones aceleradas por la expectativa de subida de aranceles en 2025. Otros factores coyunturales, más internos a nuestro país, como la lentitud de la producción de fruta y de la pesca le han pegado a nuestro crecimiento. Pero, según el último IPOM del Banco Central, se trataría de fenómenos temporales —a veces climáticos— cuyo impacto hacia el resto de la economía no será mayor, por lo que nuestra economía general debería retomar su tendencia durante el segundo semestre.
El gran problema de la economía chilena es que esa tendencia ya es pobre, peor de lo esperable para un país con nuestro nivel de desarrollo, en gran parte debido a medidas anti libertad económica implementadas por las reformas del segundo gobierno de Bachelet, como la inentendible y agresiva escalonada del impuesto corporativo al 27%.
Por eso, más que una recesión, lo que experimenta Chile actualmente es un tropiezo en una caminata. La tendencia de nuestro crecimiento —ese que mejora nuestros salarios, crea empleo y mejora la calidad de bienes y servicios— ha venido en decadencia por ya más de una década, y la única forma de revertirla es haciendo las cosas distinto, con cambios estructurales que flexibilicen nuestro mercado laboral, generen un ambiente más amigable con la inversión, y faciliten el surgimiento de nuevos emprendimientos. Es decir, la fórmula que siempre supimos que funcionaba, pero que muchos dieron por sentada, olvidaron o, simplemente, no quisieron usarla.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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