Falta de interés
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Publicado en El Mercurio, 31.07.2026
Publicado en El Mercurio, 31.07.2026 Se ha aprobado una reforma económica/tributaria que genera un cambio copernicano en la dirección que llevaba nuestra economía. Desde la vuelta a la democracia, Chile sólo había sabido de más regulaciones y alzas de impuestos. Y ahora, por primera vez, aunque algo tímidamente a mi juicio, se desregula y se reducen impuestos. Se ha visto poco entusiasmo en el apoyo al gobierno. La gran crítica que se escucha es que calcularon mal los quorum, se ausentó un senador y ahora una norma menor sobre la compensación de la rebaja de contribuciones debe discutirse y aprobarse, lo que retrasará en unos días el proyecto.
Esto me recuerda el cuento de una señora muy piadosa pero muy cuidadosa de su patrimonio que, jugando con su nieta con una palita en la arena a orilla de mar, de pronto ve como una ola gigantesca revienta y se lleva a la nietecita. La señora inmediatamente se arrodilla y empieza a rezar y le promete a Dios que nunca más se va a mofar del Frente Amplio (gas a precio justo, sobrinos de Giorgio, etc…) o despotricar en contra de las ONGs que venden su alma, mienten y dañan a su país. Y le ruega que le devuelva a su nietecita que es lo más preciado que tiene en este mundo. Dios infinitamente misericordioso escucha los ruegos y en la ola siguiente le devuelve a la niñita sana y salva. La dama agradecida mira al cielo y pregunta: ¿Y la palita?
«¿Por qué nos cuesta tanto reconocer un logro mayor, como fue aprobar en 6 meses un proyecto de esta envergadura? Boric no logró aprobar su constitución, ni siquiera logró aprobar la idea de legislar de su reforma tributaria»
¿Por qué nos cuesta tanto reconocer un logro mayor, como fue aprobar en 6 meses un proyecto de esta envergadura? Boric no logró aprobar su constitución, ni siquiera logró aprobar la idea de legislar de su reforma tributaria (que subía los impuestos), demostrando su total incompetencia en gestión política, que se suponía era lo mejor que sabía hacer. Kast, con sus ministros Alvarado, García y Quiroz, obtuvieron un éxito resonante para Chile, para los más pobres y para los jóvenes que han visto frustrado su progreso por un país estancado. Y nadie destapa champaña.
La reforma reduce el impuesto a las empresas, reintegra el impuesto de primera con el global, evitando así que un mismo ingreso pague impuestos dos veces e igualando el capital con el trabajo; establece una invariabilidad tributaria para proyectos de inversión que atraerá capitales importantes al país; libera de contribuciones a los adultos mayores que muchas veces pagaban más por contribuciones que lo que recibían como pensión; crea una rebaja adicional de impuesto con un crédito al empleo que fomenta la formalización del trabajo, con los beneficios laterales que ellos conlleva en previsión y salud; y permite anticipar con tasa rebajada a la mitad el injusto impuesto de herencia.
Una ley para ser buena no debe ser perfecta, sólo debe ser mejor que la alternativa. Y la alternativa era un status quo que ahoga el emprendimiento, castiga el desarrollo y desincentiva invertir en Chile. Esta misma semana nos visitó el economista Arthur Laffer, asesor de Reagan y creador de la famosa curva de Laffer que demuestra cómo altos impuestos que pagan pocos recaudan menos que impuestos bajos que pagan muchos. Su libro «Los impuestos tienen consecuencias» debiera ser de lectura obligada para todos aquellos que se dedican a políticas públicas. Con un relato histórico apasionante, demuestra una y otra vez como los países se desarrollan gracias a impuestos bajos, alta inversión y crecimiento, lo que lleva a grandes recaudaciones. La evidencia está disponible y es abrumadora. Si alguna crítica puede hacerse a este proyecto es que su reducción de impuestos es modesta y que no amplió la base de personas que deben pagar. Es malo para la democracia que sólo el 20% de los chilenos paguen impuesto a la renta. Esto crea dos clases de ciudadanos: los que pagan y financian el Estado y los que están de visita y usufructúan de él. Como demuestra Laffer, si al que trabaja se le cobra impuestos por hacerlo, y al que está cesante el Estado lo subsidia por su situación, este tendrá menos trabajadores y más cesantes, y con eso disminuirá el ingreso general del país.
Pero como diría Sir Winston después de la victoria en El Alamein, este no es el fin, ni siquiera es el principio del fin, sino que solo es el fin del principio. Se necesita continuar avanzando: en mercado de capitales, laboral, permisos (¡15 años para un teleférico!) desburocratizar etc…Y les pido a los lectores de esta columna, con experiencia en diversos sectores, que no duden en hacer llegar sus ideas al gobierno o a sus parlamentarios, a partir de ejemplos concretos de regulaciones absurdas o contradictorias, que hacen que la tarea de emprender, invertir y crear trabajo se parezca a Ulises y su Odisea.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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