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¿Compensaciones? Publicado en El Mercurio, 31.05.2026

¿Compensaciones?

El año 1990, el gobierno tenía 18 ministerios (EEUU tiene 15 y es 60 veces más grande que Chile) y funcionaba más o menos, nos dijeron que con más ministerios iba a funcionar mejor y hoy tiene 25 y funciona peor.

El año 1990 Chile estaba dividido en 13 regiones y era centralizado, nos dijeron que para descentralizar había que crear más regiones y ahora son 16 y seguimos igual de centralizados, pero con muchos más funcionarios.

«Cuando escucho hablar que la rebaja de impuestos requiere “compensaciones”, quedo al borde del derrame cerebral. La única compensación justa es la que hacemos todos los chilenos cuando perdemos la pega o nos bajan los ingresos»

El 1990 las regiones las lideraba un intendente nombrado por el presidente. Nos dijeron que para descentralizar había que elegir un gobernador. Ahora tenemos gobernador y delegado presidencial y no se ha mejorado ni la eficiencia ni la descentralización. Sólo se duplicó la burocracia.

En 1990 el congreso se elegía con un sistema binominal que no era perfecto pero que ordenaba a los honorables, fortalecía a los partidos y disciplinaba las bancadas. Con ese sistema elegíamos 120 diputados y el proceso legislativo funcionaba más o menos. Ahora cambiamos el sistema electoral por uno que desordenó las bancadas, más de la mitad de los diputados sale arrastrado y elegimos a 155 diputados que funcionan peor que antes, pero a un costo mucho mayor.

El año 1990 teníamos un impuesto a las empresas de 10% y el país crecía. Hoy tenemos uno de 27% y el país no crece. El presupuesto del estado de Chile se multiplicó por 10 en estos años y los servicios públicos prestan peores servicios, pero con más gente. En 1999 había 9 funcionarios públicos cada 1000 habitantes, el año 2024 terminamos con 25 por cada 1000 y durante el gobierno pasado eso se disparó. Los funcionarios públicos además de los beneficios del resto de los chilenos (vacaciones legales y 16 días feriados) tienen 6 días administrativos y una virtual inamovilidad que los hace imposibles de despedir a pesar de irse de vacaciones con licencia médica. En promedio los empleados públicos tienen 33 días de licencia al año, lo que habla de una preocupante mala salud o una irritante propensión a tomarse días libres pagados por todos nosotros.

Por eso cuando escucho hablar que la rebaja de impuestos requiere «compensaciones», quedo al borde del derrame cerebral. La única compensación justa es la que hacemos todos los chilenos cuando perdemos la pega o nos bajan los ingresos. Ajustamos nuestro gasto. Dejamos de gastar en cosas superfluas, vendemos el auto y andamos en micro, no salimos a comer y lo hacemos en la casa etc. El Estado de Chile y la clase política tienen reparar que no pueden seguir con un tren de gastos que estancó al país.  El cuentecito ese que la cohesión social requiere más impuestos y gasto público es mentira. Hemos hecho 21 reformas tributarias desde el año 1990 y hemos multiplicado por 10 el gasto público y no estamos cohesionados, solo estamos estancados. No hay ninguna evidencia que respalde causalmente que impuestos altos y gasto público deficitario genere cohesión, ese es un invento de los políticos para seguir explotando a los que trabajan.

Por eso yo apoyo el proyecto de reconstrucción a pesar que me parece tímido. No reduce la planta de funcionarios y la reducción de impuestos es futura y como tal incierta. La única forma de evitar que siga creciendo el déficit es como lo haría cualquier familia si pierde sus ingresos. Disminuye gastos, vende activos prescindibles y hace rentar los activos que tiene. El estado tiene que trabajar para los contribuyentes y no al revés. Está en los funcionarios agilizar las aprobaciones de proyectos, hacer más con menos, permitir que los chilenos produzcan porque eso genera ingresos que pagan impuestos y favorecen la creación de oportunidades. Basta de complacencia con el ogro filantrópico que a punta de regulaciones e impuestos terminó ahogando a la economía y con eso los sueños de una generación completa de jóvenes que no ven oportunidades y emigran o dejan de tener hijos porque no pueden financiarlos. No quiero ser un abuelo de zoom que ve crecer a sus nietos por la pantalla porque su país no fue capaz de mostrarles un horizonte de esperanza.

El modelo de altos impuestos, gasto público desbordado y estancamiento económico, hizo crisis y es hora de cambiarlo. La cohesión social se logra con una historia compartida y atesorada, con un país que progresa y con una democracia eficiente que representa los intereses del país y no de grupos de presión que violentan el bien común y tratan de vivir a expensas del resto.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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