A los ciudadanos en edad de votar, el gobierno de Michelle Bachelet los trató como niños de pre-básica. No hay peor despotismo, decía Kant, que el paternalismo gubernamental. Eso fue lo que mostró el gobierno al subestimar a los ciudadanos con un cuento de animales.
En estos años cambiaron la gente y la Presidenta, pero quizás solo la gente se percató del distanciamiento. Por eso fue percibiendo a Bachelet con creciente frialdad y desencanto.
Ninguno de nosotros podría tener al vocero de gobierno anunciando que defenderemos nuestra honra. Caval se hizo insoportable para la […]
Ese personaje inolvidable de Downton Abbey que es Lady Grantham nos recuerda, cuando su nieta se va a Suiza, que […]
Ha habido un utopismo liberal que ha sido dañino, porque ignora los duros desafíos de la libertad y la necesidad […]
Una caída en las importaciones impactará negativamente en las exportaciones. De esta manera, una desaceleración en las exportaciones limitará el crecimiento de la economía.
Orwell tenía mucha razón cuando decía que "gran parte del pensamiento de izquierda consiste en jugar con fuego, pero por […]
En Chile, hace tiempo se viene justificando el saqueo y el vandalismo, durante las marchas, como expresión política y social […]
Nuestra Presidenta, con buena parte de la élite financiera, ha regresado de Inglaterra. El gobierno inglés no se veía tan […]
Quemar edificios, con o sin personas dentro, no es protesta ni libre expresión: es criminalidad pura y dura.
Superar esta crisis no depende solo de la clase política, sino también del electorado, a quien ningún político se atreve a amonestar, decirle la verdad o exigirle que vote debidamente informado.
En algún punto se encontrarán con los que sí estudiaron e hicieron lo que tenían que hacer, y con ellos no podrán competir.
Las constituciones surgen como freno y límite a la acción de los gobiernos, para resguardar y proteger las libertades y derechos fundamentales de las personas frente a eventuales arbitrariedades de las autoridades.
En Chile algunos parecen mirar con cierta condescendencia las dictaduras socialistas, considerándolas como simples tropiezos, como una perversión de su ideal, y no como clara y brutal expresión del mismo.
Es por supuesto legítimo hacer petición a la autoridad. Lo que no corresponde es que esta quiebre el principio central del estado de derecho según el cual las reglas del juego deben ser siempre imparciales y abstractas, es decir, no pueden privilegiar a nadie en especial.
Si el Gobierno tiene una propuesta de reforma, que sea honesto y la someta al procedimiento del Capítulo XV de la Constitución, pero que no la disfrace como la opinión del pueblo.
Muchos hablan de descentralizar pero quieren mantener la dependencia con respecto al centro político administrativo.
Muchos se llenan la boca con la libertad de expresión, pero respetan poco la libertad de disentir. Al rato quieren censurar o dirimir qué es lo políticamente correcto, como si fueran dueños de la verdad o de una moral superior.
¿Corresponde a un exiliado chileno callar ante los abusos por haber recibido un departamento, una beca, un puesto de trabajo, un seguro de salud o una visa de salida múltiple de la RDA?
Mientras los escandinavos llevan más de una década liberalizando su burocrática estructura clientelar; innovando y adaptándose a las nuevas tecnologías, en Chile seguimos en discusiones decimonónicas como el reemplazo en huelga o la prohibición de Uber.
«El progreso es imposible sin cambio, y aquellos
que no pueden cambiar sus mentes,
no pueden cambiar nada»