Los partidos políticos se definen por lo que dicen y hacen, pero también por lo que callan.
La reforma agraria los hizo a todos más pobres y a nadie más feliz.
Ningún otro país comienza a parecerse tanto al Chile bajo la Unidad Popular como la Venezuela del Socialismo Siglo XXI.
Chávez había llegado al gobierno utilizando la mascarada de la democracia para convertirse en dictador y no dejar jamás el poder.
El informe del PNUD es categórico en decir que comparado con Latinoamérica somos, por lejos, el país que más ha avanzado en materia de ingresos, educación y salud.
La narrativa se viraliza y genera argumentos de persuasión que los áridos datos difícilmente consiguen.
Entrar a la universidad en el pasado era prácticamente equivalente a un título nobiliario.
Es lamentable que en nombre de nobles intenciones, como la justicia e igualdad, se asome esta intolerancia oculta y disfrazada de lo contrario.
Una sociedad civil empoderada limita el impacto de las malas decisiones del gobierno.
Los mismos que condenan de modo infatigable a un dictador de derecha que los reprimió hace decenios, respaldan hoy con entusiasmo a uno de izquierda que reprime a los venezolanos.
Para evitar el avance de políticas estatistas hay que trabajar sobre las percepciones que la gente tiene del sistema.
Urge una aclaración de al menos los partidos oficialistas chilenos que integran el Foro de Sao Paulo: ¿suscriben en forma total la declaración final del foro al que pertenecen o tienen reparos con respecto al apoyo que su agrupación entrega “a Bolivia en su reclamo de salida al mar con soberanía”?
La sociedad civil es un tejido vivo intrincadamente estructurado, muy frágil, a veces incluso misterioso, que se demora décadas, si no siglos, en crecer.
Si el país es más riesgoso, por definición económica y financiera, todas las personas y empresas que viven ahí también lo son.
Hechos como los del SENAME demuestran, por enésima vez, los riesgos a los que nos exponen las ideas de los adalides de la bondad estatal.
Los malos gobiernos son como las relaciones románticas que no prosperan. Hacen que los países -y las personas- pierdan al final su tiempo.
Como podemos apreciar, la profunda crisis que viven los venezolanos es producto de la coacción del Estado en la economía hecha en nombre del socialismo, entendido éste como un sistema de agresión institucional al libre ejercicio de la función empresarial y la acción humana en general, tal como afirman Jesús Huerta de Soto y otros economistas.
El populismo surge en sociedades cuyos cimientos democráticos, su cultura democrática, están mermados no solo por la acción de élites y oligarquías irresponsables, sino por la apatía política creciente de los ciudadanos.
¿Fue adecuado sacrificar a la Concertación cuando quienes estaban a su izquierda y se declaraban inmensamente insatisfechos con el modelo eran tan pocos?
El fascismo es casi idéntico al socialismo. Y como el socialismo, el fascismo se opone también radicalmente al capitalismo.
«La libertad no es un regalo de Dios,
sino una conquista humana»