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Andrés Velasco y las contribuciones Publicado en El Mercurio, 28.12.2025

Andrés Velasco y las contribuciones

Señor Director:

Muy acertada la carta de Alejandro Vigo (ayer) a propósito de las reflexiones tecnocráticas de Andrés Velasco que reflejan desgraciadamente el estado del arte de la ciencia económica en Chile y el mundo. Una «ciencia» en cuyas facultades siguen sin enseñar sobre su historia y, menos aún, preguntarse por sus fundamentos. Esto lleva a economistas a proponer políticas contrarias a los fundamentos que ellos creen defender.

Velasco aseguró con vehemencia en una entrevista reciente que no existían otros principios más que los suyos —y los del mundo biempensante de la «economía», por no decir la estadística—, para analizar los impuestos, y estos nos enseñarían que solo deberíamos preocuparnos de la «elasticidad-precio» y las «externalidades negativas» de los bienes a gravar.

Llegó a decir: «¿Quién dijo que una cosa no puede tributar dos veces?». Bueno, habría que decirle que mucha gente dice eso y muchos de ellos son grandes intelectuales que han llenado bibliotecas en todos los idiomas sobre leyes, economía y —para qué decir— filosofía, fundamentando políticas e ideas desde principios diferentes a los que defendió Velasco en esa entrevista. Y, por si acaso, son intelectuales liberales clásicos, a favor de los impuestos y a favor de políticas sociales.

Está bien ser vehemente para defender ciertas políticas cuando se tienen claros los principios desde los cuales se argumenta, pero se ve, a lo menos, extraño defender de igual forma esos principios asegurando que simplemente no existen otros.

Frente a las reacciones de la opinión pública, sería bueno recordar que un premio nobel de economía dio un famoso discurso en el banquete de la gala. Ahí, entre champagnes y cognacs, criticó el premio que había recibido —no así los de las ciencias básicas— porque le entregaba una autoridad argumentativa a personas que no deberían tenerla. Decía que esto ocurría porque la economía era una ciencia social y porque influenciaba demasiado a políticos, periodistas y al público general, ya que los economistas terminaban opinando de cualquier cosa con una pretensión científica que simplemente no tienen (y eso que todavía no se hacía famoso Stiglitz).

Ese premio nobel es famoso también por haber insistido, durante toda su carrera intelectual, que un economista que es solamente economista no solo será un mal economista, sino que probablemente será un peligro para la sociedad.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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