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Reivindicando la curva de Laffer Publicado en El Líbero, 05.06.2026

Reivindicando la curva de Laffer

En el debate económico abundan ideas que, repetidas hasta el cansancio, se instalan en el sentido común sin respaldo suficiente, y la curva de Laffer es una de sus víctimas más injustas. Algunos incluso la ningunean por haber nacido en una servilleta. ¡Bendita servilleta! digo yo, como la del contrato de Messi en el Barça, o la que vio nacer la tecnología de la resonancia magnética que nos permite detectar el cáncer con más eficiencia. Otros, más serios, arguyen que ninguna reducción de impuestos ha generado suficiente dinamismo económico como para compensar la caída en recaudación. Eso, simplemente, no es cierto.

«Descartar la curva de Laffer es imprudente. Su mérito esencial es comunicar algo que la política tributaria suele olvidar: que los impuestos tienen consecuencias»

La curva de Laffer plantea que las tasas impositivas se distribuyen en dos rangos. En el rango normal —de 0% a X%— el Estado aumenta su recaudación subiendo impuestos. En el rango prohibitivo —de X% a 100%— la carga es tan elevada que ocurre lo contrario: bajar las tasas incrementa la recaudación, al estimular la inversión y reducir los incentivos a la elusión. El punto X% es el óptimo recaudatorio, y la curva adopta la forma de una «U» invertida.

El caso más citado por los críticos de Laffer es precisamente uno de los que mejor refuta su argumento. En seis de los ocho años de la administración de Reagan, tras una de las reducciones fiscales más ambiciosas de la historia estadounidense, el fisco recaudó más que cualquier administración anterior. El mismo patrón se observa en las décadas de 1920 y 1990 en EE. UU., donde las rebajas impositivas no solo aceleraron el crecimiento sino que también elevaron la contribución fiscal de los tramos más altos. Islandia se transformó en otro ejemplo cuando redujo su impuesto corporativo desde un prohibitivo 45% en 1990 hasta un 18% en 2001, la recaudación proveniente de rentas corporativas creció un 81%. Los casos de éxito existen, lo que escasea es la disposición a reconocerlos.

La investigación reciente matiza el debate sin invalidar la teoría. Moore, Pecoraro y Splinter demostraron que, al incorporar la complejidad real de los sistemas tributarios, las curvas de Laffer son más planas de lo que sugieren los modelos simples. Subir tasas a los tramos altos suele ser, entonces, una decisión política de mayor progresividad a costa del crecimiento. En Chile conocemos bien esa disyuntiva tras las reformas del segundo gobierno de Bachelet, la recaudación se mantuvo prácticamente estancada y el crecimiento tendencial lleva años deteriorándose. 

Aquí radica la contradicción de los críticos: quienes niegan la curva de Laffer suelen abogar simultáneamente por subir impuestos para recaudar más. Con ello aceptan implícitamente el rango normal, pero rechazan el prohibitivo cuando resulta inconveniente para su argumento. Lefebvre estimó en 2025 que, en Francia, una reducción de 14 puntos en la tasa impositiva podría aumentar la recaudación, evidencia directa de que el rango prohibitivo no es una abstracción teórica.

La curva de Laffer no es una fórmula infalible. Hay casos donde rebajas impositivas no se tradujeron en mayor recaudación, y sería imprudente convertirla en la única brújula de política fiscal. Ante presiones de déficit, la eficiencia del gasto público debe ser siempre un frente clave. Pero descartar la curva de Laffer es igualmente imprudente. Su mérito esencial es comunicar algo que la política tributaria suele olvidar: que los impuestos tienen consecuencias.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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