Deneen: una crítica desproporcionada

La visita a nuestro país del profesor de la Universidad de Notre Dame, Patrick J. Deneen, resultó ser un hito para los socialcristianos en Chile, quienes han encontrado un referente proveniente de lo más selecto de la academia mundial, lo que siempre viene bien para efectos de conseguir un respetable alcance mediático que difícilmente se hubiera logrado con un invitado italiano como Danilo Castellano o un español como Miguel Ayuso, aun cuando ambos teóricos no tengan nada que envidiarle a Deneen en lo que a crítica católica del liberalismo se trata.[1] Pero no he venido a hablar sobre el discreto encanto que lo anglosajón provoca en nosotros, “los ingleses de Latinoamérica”, sino a comentar por qué la crítica al liberalismo de Patrick J. Deneen me parece desproporcionada. Para eso, en primer lugar, explicaré brevemente la postura de Deneen y luego ofreceré una crítica a dicho planteamiento.

Pero antes, es preciso empezar este comentario con un reconocimiento al Instituto de Estudios de la Sociedad y a Idea País por el notable esfuerzo de traer a Patrick J. Deneen y gestionar una edición especial de Rialp del libro ¿Por qué ha fracasado el liberalismo? para el mercado chileno a un precio mucho más barato que los prohibitivos montos a los que nos tiene acostumbrados la editorial española (con buenas razones de mercado, por cierto). Los frutos de la visita se deben al trabajo bien hecho de los organizadores y esto rara vez se destaca.

 

La crítica de Deneen al liberalismo

Durante la visita de Deneen, se repitió muchas veces que ¿Por qué ha fracasado el liberalismo? se trataba de “un libro provocador”, que “nos hace pensar”, del cual “uno puede estar por una parte a favor y otra en contra” y que “recibió elogios de Barack Obama”. Sinceramente, una persona que sostiene verdades trascendentales como Patrick J. Deneen no debería sentirse tan halagado con estas observaciones, sobre todo si provienen de otras personas que sostienen las mismas verdades. Si para Deneen la verdad es la meta, que sea “un libro provocador” no es esencial —salvo, quizás, para la academia norteamericana, donde conocimiento y espectáculo muchas veces van de la mano—, “que nos haga pensar” solo sería útil si nos dice la verdad —de lo contrario sería muy dañino—, si es un libro en el cual “uno puede estar en parte a favor y en parte en contra” tal vez se deba a serios problemas de coherencia interna, y, por último, ufanarse de que tu crítico de referencia sea Barack Obama, el hombre que encarna todos los males para un católico estadounidense, no deja de ser por lo menos irónico. Aunque también, es preciso reconocer que muchas de estas columnas han resumido correctamente el argumento central del libro, el cual paso a exponer en cuatro partes, valiéndome de las palabras del autor:

 

  1. Crisis de las sociedades liberales por el éxito del liberalismo: Ante la innegable crisis de las sociedades liberales, Patrick J. Deneen sostiene que el liberalismo ha fracasado «porque ha sido fiel a sus principios. Ha fracasado porque ha tenido éxito. A medida que el liberalismo “se ha convertido en una versión más auténtica de sí mismo”, a medida que su lógica interna se ha vuelto más evidente y sus contradicciones internas más palmarias, ha generado patologías que son a un tiempo deformaciones de aquellas pretensiones y realizaciones de la ideología liberal».[2]

 

  1. Liberalismo insostenible: ¿Qué entiende Deneen por liberalismo? A juicio del autor, «El liberalismo está constituido por un par de asunciones antropológicas que otorgan a las instituciones liberales una particular orientación e idiosincrasia: 1) individualismo antropológico y concepción voluntarista de la elección, y 2) separación humana de la naturaleza y oposición a esta. Estas dos revoluciones en la comprensión de la naturaleza humana y social tanto constituyen el “liberalismo” como introducen una definición radicalmente nueva de la “libertad”».[3] El individualismo antropológico proviene de las ideas de John Locke y Thomas Hobbes y a causa de este principio, el liberalismo promueve conexiones sociales débiles, en cuanto «el liberalismo enseña a la gente a eludir los compromisos y apostar por relaciones y vínculos flexibles».[4] Por otra parte, el hombre, al separarse de la naturaleza, en virtud de los postulados de Thomas Bacon, «ha agotado recursos esenciales, en su empeño de conquistar la naturaleza».[5]

 

  1. Propuesta comunitaria: ¿Qué hacer ante el fracaso del liberalismo? De ser cierto el análisis de Deneen «y el proyecto liberal es en última instancia autocontradictorio y culmina en los dos agotamientos descritos, el moral y el relativo a los recursos naturales de los que ha dependido, entonces hemos de enfrentarnos a una elección. Podemos perseguir formas más locales de autogobierno por decisión propia, o sufrir por defecto una oscilación entre una anarquía creciente y la imposición cada vez más forzosa de un orden por parte de un Estado cada vez más desesperado. Si mi análisis es certero, el último juego del liberalismo es insostenible en todos los aspectos: no puede forzar a perpetuidad un orden sobre una colección de individuos autónomos cada día con menos normas sociales constitutivas, ni puede proporcionar un crecimiento material sin fin en un mundo con limitaciones».[6] Ante el fin del liberalismo, Deneen propone que el hombre «debe alcanzar, a través el ejercicio y la práctica de la virtud aprendida en comunidades, una forma de autolimitación local y comunal (una condición que, entendida debidamente, puede llamarse «libertad»)».[7]

 

  1. Actitud posliberal: Tras la muerte del liberalismo, si deseamos un futuro mejor, Deneen sostiene que debemos seguir tres pasos iniciales: 1) «los logros del liberalismo han de reconocerse, y el deseo de «retornar» a una era preliberal debe ser desechado. Hemos de construir sobre la base de esos logros al tiempo que descartamos las razones fundacionales de su fracaso. No se puede ir hacia detrás, solo hacia adelante».[8] 2) «Debemos dejar atrás la era de la ideología (…) En vez de intentar concebir una ideología de reemplazo (o retornar a alguna versión actualizada, como un renacido marxismo), hemos de enfocarnos en desarrollar prácticas que fomenten nuevas formas de cultura, una economía doméstica y la vida de la polis»;[9] y 3) «del caldero de esta experiencia y esta práctica podría emerger por fin una nueva teoría política y una nueva sociedad. Dicha teoría debe descartar las dimensiones ideológicas del liberalismo, sin desconocer sus logros y las demandas justas que plantea, en concreto a lo referido a la justicia y la dignidad».[10]

 

Una crítica desproporcionada

Considero que la crítica de Patrick J. Deneen es desproporcionada por partida doble: (1°) su tratamiento reduccionista del liberalismo no hace justicia con los postulados de esta doctrina y (2°) su propuesta comunitaria no está a la altura del objeto que critica.

1°. Tratamiento reduccionista: Como bien señala Axel Kaiser: «para determinar si hay o no crisis del liberalismo debe primero entenderse bien en qué consiste esta doctrina, la que, como sabemos, puede llegar a representar cosas no solo distintas, sino totalmente opuestas».[11] Si bien es comprensible que todo esfuerzo de abstracción conlleva la simplificación del objeto, el reduccionismo en el que cae Deneen termina por crear un “hombre de paja” útil para señalar al liberalismo como el culpable de buena parte de los males que aquejan a las sociedades liberales, pero inútil para apreciar con seriedad las respuestas que al interior del liberalismo se han dado a estos problemas.

En este sentido, coincido con Micah Watson y Samuel Gregg en que uno de los errores de Deneen está en la identificación de los orígenes filosóficos del liberalismo, o, dicho de otro modo, en el ejercicio de genealogía del liberalismo realizado por el autor. En cuanto a la interpretación del pensamiento de John Locke, Watson acusa a Deneen de enfocarse «casi en su totalidad en una controvertida lectura del Segundo Tratado, mientras ignora el libro con el que la mayoría de los estadounidenses coloniales estarían más familiarizados, su muy vendido Pensamientos sobre la educación. Este trabajo nombra explícitamente los dos tipos diferentes de libertad y respalda la libertad de convertirnos en lo que deberíamos».[12] En este sentido, sorprende que en el ejercicio genealógico hayan quedado fuera autores tan emblemáticos del liberalismo clásico como Montesquieu y Adam Smith, quienes, al igual que Deneen, consideraban en su ideal de libertad elementos como la virtud, la abnegación y la austeridad.[13]

Para Samuel Gregg, si llevamos el ejercicio de genealogía hasta sus últimas consecuencias, podemos ver que el voluntarismo y el nominalismo implícitos en la caracterización del liberalismo realizada por Deneen,[14] son productos de la época medieval. A juicio de Gregg: «estas cuestiones de la genealogía intelectual son importantes porque plantean preguntas sobre si Deneen ha identificado correctamente la principal fuente intelectual de nuestra angustia actual. ¿Podría ser que las disfunciones actuales que Deneen asocia con el liberalismo tienen más que ver con errores filosóficos de larga data, por no mencionar los problemas perennes como el orgullo, la codicia, etc., en lugar de una teoría política particular? (…) Eso no es negar que las teorías tengan consecuencias, a veces muy malas. Pero mi pregunta es esta: ¿se pueden encontrar las causas de nuestro presente descontento en los errores (como el nihilismo, el escepticismo, el voluntarismo y el hedonismo) que se han alzado en todas las épocas, no solo en condiciones de orden liberal?».[15]

Es evidente que una comprensión tan restringida del liberalismo le impida ver a Deneen la sincera preocupación que tienen muchos pensadores liberales y conservadores en torno al problema medioambiental. Ejemplos sobran y no tendrán cabida para Deneen “por ser partes del problema”. Impresiona ver cómo a lo largo del libro, las posturas liberales y conservadoras solo son representadas por caricaturas o solo son citadas para confirmar el “hombre de paja” diseñado por el autor y nunca para cuestionar los planteamientos del libro.

Por ejemplo, para Roger Scruton los problemas medioambientales no son efectos de la dominación científica y económica de la naturaleza —como supone Deneen de toda postura conservadora—, más bien, son el fruto de la falta de atribución de responsabilidad individual: «En buena medida, los problemas medioambientales surgen de nuestro hábito, enteramente razonable, de apropiarnos de los frutos de nuestras actividades, al tiempo que transferimos los costes. El medio ambiente se degrada por externalizar los costes de lo que hacemos; y la solución es encontrar los motivos que vuelvan a atribuir los costes a quienes los crean».[16]

Si en lugar de caricaturizar, Deneen hubiese tenido en cuenta el discurso de aceptación del Premio Nobel de Economía de Friedrich Hayek, se hubiese dado cuenta que sus ideas nada tienen que ver con el dominio irracional del planeta cuando el laureado señaló: «Para que el hombre, en su empeño por mejorar el orden social, no haga más daño que bien, habrá de convencerse de que en este campo, como en todos aquellos en que prevalece un tipo de organización esencialmente compleja, no puede adquirir el conocimiento completo que le permita dominar los acontecimientos posibles. Además, el conocimiento que puede conseguir tendrá que usarlo no para moldear los resultados en la forma en que el artesano construye su obra, sino como el jardinero actúa con las plantas: ayudando al crecimiento proporcionando un entorno apropiado».[17]

En la eventual sociedad posliberal dibujada por Patrick J. Deneen, difícilmente se podrían reconocer los logros del liberalismo, como propone el autor, si al mismo tiempo el propio Deneen caracteriza a esta doctrina como la fuente del egoísmo, la falta de compromiso y el tratamiento irresponsable del medio ambiente. En este sentido, su reconocimiento al liberalismo como «signo del profundo éxito de los compromisos filosóficos fundamentales de occidente» y «una manifestación de amplia demanda de que las prácticas diarias se correspondiesen más con los ideales»,[18] realizado en la página 231, no se condice con las generalizaciones y reduccionismos realizados en las doscientas páginas que la preceden. Por esta razón, Timothy Fuller señala que el argumento de Deneen sería más convincente si reconociera los avances del liberalismo moderno y se preguntara si cree que podríamos retener esos logros en la alternativa cultural que prevé.[19]

“su propuesta comunitaria no está a la altura del objeto que critica.”

2°. Alternativa insuficiente: La propuesta de Deneen se basa en «erigir prácticas que sostengan la cultura en sus comunidades, el fomento de una economía doméstica, y «la vida de la polis», esto es, formas de autogobierno que provienen de una participación compartida en el ámbito civil».[20] Considero desproporcionada esta alternativa porque no está a la altura de los bienes que entrega las sociedades liberales que critica y porque este ideal comunitario es posible materializarlo en las sociedades liberales, no siendo necesario para estos efectos la muerte, agonía o convalecencia del liberalismo, según mande el laxo uso de la metáfora.

Ante esta alternativa, comparto el escepticismo de Samuel Gregg «acerca de la capacidad de estas comunidades para resolver algunos problemas económicos perennes, como la escasez, el conocimiento limitado y cómo coordinar la oferta y la demanda de manera duradera y justa. También cuestiono su capacidad para desarrollar el capital, la competencia, las economías de escala y la división del trabajo necesarios para crear el crecimiento económico sostenido necesario para mantener a sus miembros fuera de la pobreza a largo plazo».[21] No olvidemos que, en última instancia, la fortaleza de las formas locales de autogobierno que propone Deneen descansan en el fin de las condiciones materiales y espirituales que hacen posible el liberalismo. No sabemos si la profecía de Deneen se hará realidad —ni siquiera el propio autor—, mientras tanto, las comunidades deberán desarrollarse dentro del régimen liberal de acuerdo a los límites del Estado y las preferencias de los individuos.

Esto último no sería posible para Deneen, ya que a su juicio: «los avances del libre mercado se lograron usualmente desestabilizando a las familias, desestabilizando las comunidades, menoscabando la religión, etc.».[22] Pero lo cierto es que el liberalismo no impide el desarrollo de estas comunidades. Por el contrario, el liberalismo clásico permite la existencia de la sociedad civil y su independencia del Estado. Sin embargo, no garantiza la existencia de ninguna organización más que por la voluntaria adhesión de las personas. Por esta razón, el nacimiento, existencia y decadencia de las comunidades dependerá de los aciertos y errores de sus miembros. Por lo tanto, la causa de la debacle de muchas de las instituciones que Deneen echa en falta debería encontrarse en la evidencia de los actos reprochables de sus miembros —iglesias, sindicatos, etc.— y no en la especulación de los efectos de fuerzas impersonales como el mercado.

 

Deneen y la crítica católica al liberalismo

La crítica católica al liberalismo, aunque siempre discutible, ha sido en ocasiones interesante (Chesterton, Donoso Cortés, Castellano, Vermeule, v. gr.), pero otras veces no ha llegado a ser más que el triste remedo de consignas socialistas (William T. Cavanaugh, papa Francisco, v. gr.) a causa de la recepción acrítica de las objeciones de la izquierda a la sociedad liberal. Si el pensamiento político católico es tan distinto al socialista; si miran con distinta óptica la realidad: ¿cómo es posible que algunos lleguen a las mismas conclusiones, consignas o lugares comunes que los presentados por la izquierda? Es posible gracias a una mezcla de oportunismo político, pereza analítica, temor reverencial a la izquierda y menosprecio gratuito a la derecha que lamentablemente se encuentra presente en el discurso socialcristiano chileno, así como en ¿Por qué ha fracasado el liberalismo?, y es una de las causas de la falta de medida con la que Deneen se enfrenta a la tradición liberal.

Es de esperar que otra aproximación crítica al liberalismo se haga cargo de los fundamentos y logros de esta tradición tan variada como desarticulada. La crisis de las sociedades liberales invita a una reflexión seria sobre lo que se ha hecho bien y lo que se ha hecho mal en esta época. Las caricaturas provenientes de críticas desproporcionadas, en cambio, solo entorpecen el diálogo en correcciones y aclaraciones, sin discutir nunca la verdad que Deneen y los suyos con tanta nostalgia recuerdan.

 

Bibliografía:

[1] Véase por ejemplo: Danilo Castellano, «Qué es el liberalismo», Verbo 489-490 (2010): 729-40, https://fundacionspeiro.org/revista-verbo/2010/489-490/documento-671; Miguel Ayuso, «La crisis. Una aproximación interdisciplinar», Verbo 543-544 (2016): 207-25.

[2] Patrick J. Deneen, ¿Por qué ha fracasado el liberalismo?, trad. David Cerdá (Madrid: Rialp, 2018), 23.

[3] Deneen, 54.

[4] Deneen, 58.

[5] Deneen, 64.

[6] Deneen, 65.

[7] Deneen, 66.

[8] Deneen, 228-29.

[9] Deneen, 229.

[10] Deneen, 229.

[11] Axel Kaiser, «Salvando al liberalismo de los liberales», El Mercurio, 11 de junio de 2019, http://www.elmercurio.com/blogs/2019/06/11/70018/Salvando-al-liberalismo-de-los-liberales.aspx.

[12] Micah Watson, «Prisoners in the American Cave», The Public Discourse, 13 de mayo de 2018, https://www.thepublicdiscourse.com/2018/05/21315/.

[13] cf. Francisco José Contreras, En defensa del liberalismo conservador (Madrid: Unión Editorial, 2018), 39-67.

[14] De forma explícita en: Cristóbal Orrego, La doble cara del liberalismo político. Ensayos críticos sobre el debate contemporáneo. (México D.F.: Porrúa – Universidad Panemericana, 2010), 2.

[15] Samuel Gregg, «Patrick Deneen and the Problem with Liberalism», The Public Discourse, 14 de mayo de 2018, https://www.thepublicdiscourse.com/2018/05/21024/.

[16] Roger Scruton, Cómo ser conservador, trad. Carlos Esteban (Madrid: Homo Legens, 2018), 156.

[17] Friedrich A. Hayek, «La pretensión del conocimiento», en Nuevos estudios de filosofía, política, economía e historia de las ideas (Madrid: Union Editorial, 2007), 53.

[18] Deneen, ¿Por qué ha fracasado el liberalismo?, 231.

[19] Timothy Fuller, «Utopian Temptation», First Things, n.o 281 (marzo de 2018).

[20] Deneen, ¿Por qué ha fracasado el liberalismo?, 239.

[21] Gregg, «Patrick Deneen and the Problem with Liberalism».

[22] Patrick J. Deneen, El sistema económico pensado por economistas como Friedman no está funcionando, entrevistado por Pablo Ortúzar Madrid, The Clinic, 13 de junio de 2019, https://www.theclinic.cl/2019/06/13/patrick-deneen-el-sistema-economico-pensado-por-economistas-como-friedman-no-esta-funcionando/.

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