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Salgan del clóset por favor Publicado en La Segunda, 02.07.2025

Salgan del clóset por favor

Se entiende que muchas personas no quieran salir del clóset. Si se sale, amigos desaparecen, la familia se aleja, la sociedad te enjuicia y se pierden pegas. Esos amigos, al final, no eran tan amigos —o tan valiosos—, por algo se alejan; esa familia, al final, es un poco delirante, pero hay que aguantarla; y esa sociedad, un poco perdida, retrógrada. Esas pegas, grises, de poco sustento, no se basaban realmente en lo que uno entregaba, en lo que uno producía, se sostenían en lealtades baratas, en maquinación por aquí, y por allá, era poca libertad. Por eso, la gente sigue ahí, encerrada, adentro del clóset, y no se atreve a salir. Son personas que se autoperciben sensibles, personas que querrían lo mejor para los pobres, que creerían en los derechos humanos, que luchan contra el oscurantismo y que se dicen ser «de izquierda», comprometidas con una sociedad donde exista una «justicia real».

«Esa izquierda, esa santa izquierda, terminó hundiendo a Argentina, estancó a Inglaterra en los 70, y destruyó por completo a Venezuela .¿Qué países han sido destruidos por reforzar la propiedad privada? ¿Suecia, Nueva Zelanda, Australia? Ninguno»

Sin embargo, la izquierda, esa santa izquierda, solo ha destruido la justicia, como está ocurriendo en México, como ocurre en Bolivia, y como ocurrió hace años en Venezuela, porque allá la justicia desapareció por ideas explícitas de izquierda —no de derecha—, y desapareció porque aplicaron ideas similares, sino iguales, a las propuestas en la Convención Constitucional de acá. Esa izquierda, esa santa izquierda, terminó hundiendo a Argentina, estancó a Inglaterra en los 70, y destruyó por completo a Venezuela. Porque todo eso fue hecho, paso a paso, con manuales de izquierda, no de derecha. ¿Qué países han sido destruidos por reforzar la propiedad privada, el Estado de Derecho, la responsabilidad y la igualdad ante la ley? ¿Noruega, Suecia, Nueva Zelanda, EE.UU., Australia? Ninguno.

Si alguien cree que las personas debemos tener el derecho a decir lo que queramos, a construir una cabaña con los albañiles que nosotros decidamos o a rezarle a quien cada uno quiera, esa persona, ese individuo, no puede ser de izquierda. Si alguien cree que las mujeres deberían ser igual en dignidad y derechos que los hombres, y que deberían poder trabajar en lo que quisiesen, esas personas no deberían ser de izquierda —tampoco conservadoras-religiosas—. Si alguien cree en todo esto, con sus justos límites, y si ese alguien cree que hay que hay que hacer lo posible para vivir en una sociedad sin pobreza y más libros, esa persona, ese individuo, simplemente no puede ser de izquierda.

Digan lo que quieran, que los derechos sociales, que la ultraderecha, que las disidencias. Puras falsedades, estiramientos lingüísticos que solo sirven para permanecer ahí, adentro del clóset, autoengañados, autopercibiéndose santos, votando por Jara, que no sería realmente comunista, tal cual no lo era Jadue. Sigan ahí, junto a Gabriel Boric, junto a Quintana, junto a Manoucheri, junto a Winter, junto a Cariola. Próceres de la patria. O salgan del clóset, y sean libres.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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