Reestructuraciones oficialistas y el cinismo oposicionista
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Publicado en El Mercurio, 24.05.2026Se ha fijado que el Metro de Santiago permanece limpio y sin rayas. Esto porque el Metro inmediatamente recoge la basura y limpia los rayados. Esto disuade que los usuarios armen la cochambre e incentiva a respetar el lugar. Es el círculo virtuoso del orden.
Esto responde a la teoría de las «ventanas rotas» que fue popularizada por el alcalde Giuliani en Nueva York. La teoría sostiene que «a nivel de la comunidad, el desorden y el delito están inexorablemente ligados, en una suerte de secuencia de desarrollo. Psicólogos sociales y oficiales de policía tienden a coincidir en que si una ventana de un edificio está rota y se deja sin reparar, el resto de las ventanas serán rotas pronto».
Philip Zimbardo, psicólogo, en 1969 realizó experimentos que comprobaron esta teoría: «…Estacionó un automóvil sin placa de identificación y con el capot levantado en una calle del Bronx, y otro automóvil similar en una calle de Palo Alto, California. El automóvil del Bronx fue atacado por "vándalos" a menos de diez minutos de su "abandono". Los primeros en llegar fueron una familia —el padre, la madre y el joven hijo—, quienes quitaron el radiador y la batería. En menos de veinticuatro horas, prácticamente todos los elementos de valor habían sido sustraídos. Luego comenzó la destrucción errática: las ventanas fueron destruidas, varias partes rayadas, el tapizado desgarrado. Los niños comenzaron a utilizar el auto como lugar de juego. El automóvil de Palo Alto no fue tocado por más de una semana. Luego Zimbardo destruyó una parte con un martillo; pronto los transeúntes se unían a la destrucción. En pocas horas, el auto había sido destruido…» Por eso que un barrio que permanece limpio y sus vecinos son solidarios, se organizan y están atentos a denunciar lo que pasa en los espacios públicos, serán más seguros que otros.
Como enseña la psicología criminalística, la lucha por la seguridad es holística y supone actuar en cinco frentes al menos: prevención, persecución, juicio, castigo y reinserción. La tarea en consecuencia no es solo del Ministerio de Seguridad, sino que incluye también a los de Trabajo, Educación, Desarrollo Social, Justicia y Hacienda.
Hay varias cuestiones sociales que disminuyen la criminalidad, familias bien constituidas, con padres presentes y preocupados de sus hijos; oportunidades de educación y trabajo para los más jóvenes; viviendas dignas donde se forme hogar, incluyendo la protección y el cariño que eso conlleva. La formación valórica también ayuda, honrar a los mayores, obedecer a la autoridad, cumplir la palabra, respetar al prójimo y en especial el derecho de propiedad, que incluye no solo no robar, sino que no deteriorar, sea con grafitis o con basura los espacios públicos y privados, ser puntual y pagar las deudas.
La educación tiene mucho que aportar en la formación en esos valores, y es por eso que la lucha contra la delincuencia no parte con la persecución policial sino que termina ahí, y la idea es que se use lo menos posible. Pero cuando se usa, hay que partir sancionando las incivilidades menores, como robar en un supermercado, saltarse los torniquetes, mentir para obtener gratuidad, sancionar las licencias falsas (lo del juez Urrutia, inexplicable) y de ahí escalar contra las barras bravas, los overoles blancos y los encapuchados de la primera línea para terminar enfrentando el crimen organizado. Como demostró el Nobel Gary Becker, no es la gravedad de la pena lo que disuade el crimen, sino que la probabilidad de captura. Por eso se debe perseguir todos los ilícitos, porque persiguiendo las faltas menores se evitan los delitos mayores.
«La gente quiere esperanza, y necesita un líder que dé confianza y seguridad, que sabe lo que está haciendo y adonde quiere llegar»
Steinert demostró que comprendía la función persecutoria del crimen, pero no entendió que la política exige todo lo demás. Demostró las virtudes de una buena fiscal, coraje, foco y capacidad de decisión, pero no supo de liderazgo político, ese que requiere acción pero comunicación, que tiene que mostrar un plan aunque sea inventado, porque la gente quiere esperanza, y necesita un líder que dé confianza y seguridad, que sabe lo que está haciendo y adonde quiere llegar. El cambio de gabinete fue correcto, hizo la pérdida rápido y puso la pelota al piso. Concentró en Alvarado la conducción y comunicación política y le dio a Arrau la seguridad, donde se necesita una reingeniería profunda, porque como le escuché a un amigo con mucha calle, «con la economía la gente se las arregla, para eso están la familia, los amigos y los vecinos, pero con la seguridad necesitan al gobierno».
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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