En fin, la hipotenusa
Lo que omiten de forma antojadiza desde la actual oposición, es que tanto el CFA como el FMI valoran explícitamente que este proyecto fomente el crecimiento.
Publicado en La Segunda, 20.05.2026
Publicado en La Segunda, 20.05.2026 Es cierto que la derecha de estos días, digamos, la derecha chilena de posdictadura, siempre se ha avenido mal con el arte y los libros. Quizás porque antes —antes— los artistas eran cuestionadores, desordenados y anticonservadores, quién sabe, pero eso de dedicarse a escribir, o a la pintura, o a la poesía, era catalogado como propio de flojos o irreverentes. «Gente especial» a veces les decían, aunque fuesen «de derecha». Excepciones eran quienes escribían sobre Santo Tomás y uno que otro historiador, pero siempre y cuando escribiese fundado —o amarrado— en las ideas de ese o de otros santos.
En fin, estos últimos años, y especialmente luego del estallido del 2019, algunos reflexionaron y le han otorgado valor a los libros y a las pinturas. Por razones meramente instrumentales eso sí, pero algo es algo. Sin embargo, esa marca anticultural sigue vigente y la izquierda chilena la explota. Por eso la escandalera de indignados por el desliz del presidente Kast confundiendo una metáfora con una hipérbole, que me trajo recuerdos del escándalo cultural que brotó cuando un ministro de Economía, también de derecha, reconoció que no leía novelas porque no tenía tiempo y prefería los audiolibros de no-ficción.
«Quiero defender la hipérbole, esa que decía que se iba a expulsar 300 mil inmigrantes. ¿Qué quieren que diga un presidente o un candidato? ¿Qué va a expulsar solo a algunos? Lo mismo con los delincuentes y tanto otros, ¿“habrá justicia solo para algunos”?»
Esa vez, de la nada, aparecieron millones de chilenos indignados, sofisticados lectores de Dostoievski, a criticarlo sin piedad porque ellos leían ficción y aprendían del alma humana y tanto más. La verdad me alegré por la sofisticación de los chilenos lectores, pero bueno, lo mismo ocurrió ahora con la confusión de la metáfora y para qué decir con la pésima cuña del Presidente —porque fue eso, una mala cuña simplemente— sobre financiar libros que «no generan trabajo».
La histeria llegó más lejos esta vez —era de esperar por el gremio aludido, el de los académicos— e hizo salir de las oscuras aulas a los nuevos sacerdotes, los PhD en humanidades, artes y ciencias sociales. Casi por completo se escudaron en el trabajo que hacen los PhD en matemáticas o biología, porque, claro, había que desviar la atención del problema real —ellos los «humanistas» y sus tesis pedófilas y las enormes burocracias diletantes que son financiadas por nosotros—. Eché de menos alguna carta conjunta con los «abajo firmantes». Quizás la hubo.
En fin, quiero terminar defendiendo esa hipérbole tan criticada, esa que decía que se iban a expulsar a los inmigrantes ilegales del país, es decir que se iba a expulsar 300 mil inmigrantes. ¿Qué quieren que diga un presidente o un candidato? ¿Qué va a expulsar solo a algunos? Puede decir lo contrario —que los va a regularizar—, pero dado que quería expulsarlos, ¿qué había que decir? ¿Solo a los jamaicanos? ¿A los altos, a los bajos? Lo mismo con los delincuentes y tanto otros, ¿«habrá justicia solo para algunos»? Es todo tan falso, performático.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
Lo que omiten de forma antojadiza desde la actual oposición, es que tanto el CFA como el FMI valoran explícitamente que este proyecto fomente el crecimiento.
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