Poner fin a la esclerosis institucional
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Publicado en La Segunda, 06.05.2026
Publicado en La Segunda, 06.05.2026
Autor: Fernando Claro Una nueva letanía apareció desde los santones. Andan exigiendo que las leyes sean aprobadas por «acuerdos transversales». No bastaría entonces aprobar algo con la mayoría cuando corresponda, sino que hay que «convocar a todos». Si no, dicen ellos, la ley pierde «legitimidad».
Yo no sé qué bicho o virus tiene infectado a estas personas, pero apenas se les acaban los temas que los hacen sentirse buenas personas, buscan otros para insistir con sus poses —porque son simples poses, menos para los políticos, que las usan para mantener poder y trabajos—. Acabo de leer un libro que se llama El cerebro ideológico, que me dejó bastante apesadumbrado, porque explica el avance de la ciencia descifrando la influencia que tiene el cuerpo, es decir, la influencia de la materia —oh, la materia—, sobre la mente, sobre las ideas de las personas.
«Funcionen las reformas o no, la izquierda igual se encargará de sabotearlas y deslegitimarlas, como lo hicieron con las AFP, que funcionaban; como lo hicieron con la educación, que mejoraba; como lo hicieron con Chile entero, el oasis latinoamericano»
Yo no creo, nunca he creído, ni creeré, en el determinismo, pero en este antiguo problema filosófico, desgraciadamente, me veo cada día más del lado que asegura que se nos hace difícil cambiar —más aún con la vejez—. Una desdicha porque, así como bolchevique significaba algo así como «la mayoría», a pesar de que eran pocos, y menchevique «la minoría», a pesar de que eran muchos, siempre habrá gente que insistirá que los bolcheviques eran la mayoría. Es la misma gente que insiste en que ese «tren a Valparaíso» llegaba efectivamente a Valparaíso, aunque llegue solo a Llay-Llay o Catemu. Haga lo que se haga, se muestre lo que se muestre, igual seguirán hablando de ese «tren a Valparaíso». Tal cual hicieron con las donaciones de Giorgio Jackson, que en realidad eran autodonaciones: les seguirán llamando donaciones.
Así, los mesías siempre se creerán mesías, pero como en estos días ya no pueden repartir empatía y «matizar» sobre la inmigración —ojo que ellos, y sólo ellos, «matizan»— o sobre el «individualismo atroz», salieron ahora a buscar algo nuevo: serían urgentes los «acuerdos amplios». ¿De dónde sacaron eso? ¿La desastrosa reforma tributaria de Bachelet y Arenas, aprobada por políticos de derecha, es acaso más «legítima» o fue entonces mejor? Nada. Era claramente mala y causó mucho mal. Y el pueblo la rechaza.
Lo que ocurra con la «legitimidad» de las reformas que vienen, el pueblo dirá, porque funcionarán —Trump y el caos global mediante—. Y, funcionen o no, la izquierda igual se encargará de sabotearlas y deslegitimarlas, especialmente a través de las nuevas generaciones, como lo hicieron con las AFP, que funcionaban; como lo hicieron con la educación, que mejoraba; como lo hicieron con Chile entero, el oasis latinoamericano. Es todo tan increíble que ahora economistas y «expertos» de izquierda abogan por ese «acuerdo amplio» y se preocupan por la solvencia fiscal, después de haber apoyado no solo al insolvente Boric sino también el delirio de insolvencia constitucional. Cómo alguien puede seguir cayendo en sus trampas.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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