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La mentira del chorreo Publicado en El Líbero, 24.04.2026

La mentira del chorreo

El chorreo no funciona. Eso dicen una y otra vez Matamala, Eyzaguirre, Bassa, Yeomans, Cardoch, y muchos otros políticos de izquierda acá y en el resto del mundo. Lo han repetido por décadas cada vez que se discute algún tipo de rebaja de impuestos: «dar beneficios a los ricos no resulta en que su riqueza chorree hacia los pobres». Y tienen toda la razón, el chorreo no funciona. El problema, es que nadie serio sostiene que sí. De hecho, el origen de la infame teoría del chorreo ni siquiera se le puede atribuir a algún pensador que la defienda. Igual que el neoliberalismo ¿Contra qué están debatiendo entonces nuestros políticos de izquierda?

«Ningún economista serio que apoye el libre mercado sostiene que basta con dejar de quitar a los ricos para que su riqueza chorree, se derrame o siquiera salpique mágicamente hacia los pobres»

Esa pregunta quiso responder hace años el economista Thomas Sowell, y desafió a los lectores de su columna que le nombran si quiera un economista —fuera de un manicomio, dice él— que defienda la teoría del chorreo. Recibió muchos ejemplos, por años, de gente que mencionaba de la teoría, pero de nadie que la defendiera. ¿De dónde salió entonces el concepto? Según Sowell, el chorreo no es más que lo que en debate se conoce como un hombre de paja, un invento de activistas de izquierda para caricaturizar medidas procrecimiento.

Dado que los liberales estamos a favor del crecimiento económico, la teoría del chorreo suele sernos atribuida. Pero, lo que realmente defiende un liberal son medidas que, valga la redundancia, fomenten la libertad económica: incrementar la competitividad tributaria, agilizar permisos y disminuir el exceso de burocracia. O sea, nada que ver con lo que coloquialmente se entiende como chorreo —beneficios a los ricos—, ya que eso estaría más bien relacionado a lo que se conoce como el corporativismo, capitalismo de amigotes, cazadores de renta o crony capitalism. Prácticas completamente iliberales bajo las cuales los empresarios y fundaciones truchas no se dedican a innovar o crear valor para las personas, sino que ponen su esfuerzo en hacer lobby para ordeñar cada vez más beneficios del Estado, incrementando su propio poder de mercado y concentración de la economía. Totalmente opuesto a la libre competencia que defiende el liberalismo clásico.

El argumento a favor del crecimiento otro: fomentar la inversión para dinamizar la economía y crear empleo. Eso —no el chorreo— es lo que respaldó la Comisión Marfán en 2023, integrada por economistas de izquierda y derecha, al recomendar reducir el impuesto corporativo actual de 27%. El recorte gradual hacia el 23% que propone el plan de reconstrucción nacional, hace más atractivo invertir en Chile. Más inversión implica más empleo, mayores ingresos y mejores herramientas para enfrentar el creciente costo de la vida.

Lo escribiré de nuevo porque es importante. No se trata de dar un beneficio a los ricos, es un fomento al crecimiento, que es el verdadero motor de las mejoras en calidad de vida de las familias más vulnerables. Y ya que estamos en esto, ¿por qué se tilda una reducción de impuestos como «dar» beneficios a los ricos? El Estado simplemente está dejando de quitar lo que otros produjeron con su capital y trabajo. ¿O todo pertenece al Estado hasta que nuestros benevolentes políticos decidan repartirnos migajas?

El crecimiento es clave porque incrementa el empleo, los ingresos, la autonomía y las oportunidades de las personas. Recordemos que en Chile la pobreza se redujo desde 7 de cada 10 personas en 1990 a 0,7 de cada 10 en 2022, y que alrededor del 90% de esa tremenda mejora en calidad de vida fue consecuencia del crecimiento económico. Dos tercios de esa reducción del nivel de pobreza vino de los mayores ingresos que las personas obtienen de su trabajo y otras actividades. Una fracción menor vino de aspectos metodológicos en la forma que medimos pobreza y una aún menor de la redistribución estatal.

Ningún economista serio que apoye el libre mercado sostiene que basta con dejar de quitar a los ricos para que su riqueza chorree, se derrame o siquiera salpique mágicamente hacia los pobres. La clave, en realidad, está en el empleo que nos deja el crecimiento. Tener que inventar teorías hostiles y caricaturizar los argumentos del contrario solo habla de la fortaleza de las ideas que están al frente.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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