Virgen a los 40

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Qué buena frase la de Boric, de que “no le teman a la juventud”. He conocido mucha gente joven de inteligencia superior, pero no he conocido al que le daría la Presidencia de la República a los 35 años. En EE.UU., el cambio de generación se hizo con John Kennedy, pero a los 43 años, cuando ya era abogado, tenía una familia y era héroe de guerra.

Fueron jóvenes (Miguel Kast, Hernán Büchi, etc.) los que sentaron las bases de nuestro desarrollo. Tenían algunas diferencias con don Gabriel eso sí. Todos habían terminado sus carreras profesionales —incluyendo posgrados— sometiéndose a niveles de exigencia intelectual de primer mundo; habían vivido, estudiado o trabajado en el extranjero y en el sector privado; muchos estaban casados y con hijos y todos tenían jefes mayores. Eran jóvenes con vidas de adultos que primero se formaron personal y profesionalmente y después se dedicaron al servicio público. El joven candidato pasó por la universidad entre paros y asambleas; no ha terminado su carrera; de la mesada paterna saltó a la dieta parlamentaria. No ha asumido responsabilidades de adulto pero quiere ser Presidente. Él nos pide que no le tengamos miedo a la juventud. Pero no es la juventud la que quiere presidir el país, sino él, un adulto que a veces razona y se comporta como adolescente. Es a ese joven al que debemos evaluar, no a “la juventud”. La incógnita es si está maduro para ser Presidente.

“El joven candidato pasó por la universidad entre paros y asambleas; no ha terminado su carrera; de la mesada paterna saltó a la dieta parlamentaria”

Muchos premios Nobel han ganado sus galardones por ideas propuestas en su juventud, pero se han demorado mucho en validarse científicamente. Einstein desarrolló su teoría antes de los 30, pero recibió el galardón después de los 40. Y muchas ideas en apariencia buenas envejecen mal. A los 37 años Thomas Alva Edison presentó su primer invento, que era una máquina de votación. El Congreso de los EE.UU. le dijo: “Joven, si hay en la tierra algún invento que no queremos aquí es exactamente el suyo. Uno de nuestros principales intereses es evitar fraudes en las votaciones y su aparato no haría otra cosa que favorecerlos”. Recién pasado los años 50, Edison inventaría la electricidad y el alumbrado público.

Por cada genialidad que discurren, los jóvenes piensan un disparate. Los jóvenes tienen propensión a caer en “la falacia del mejor caso posible”. Creen que las cosas siempre van a salir bien, sin imponderables ni imprevistos. El Frente Amplio propone subir impuestos, aumentar regulaciones, sobrecargar de costos a las empresas y desfondar al fisco sin deteriorar la inversión, el empleo y la inflación. La verdad es que el FA es un grupo de jóvenes con ideas viejas. Su aporte más novedoso es pésimo: el lenguaje inclusivo es tedioso, dificulta comunicarnos y hace imposible la poesía o la literatura.

“Nadie le teme a la juventud, sino que a la ignorancia disimulada de elocuencia, a la intolerancia camuflada de empatía y a la frivolidad disfrazada de novedad”

Los políticos peligrosos son aquellos capaces de decir tonteras que suenan plausibles y hasta inspiradoras. Las ideas de Boric sobre la administración de las empresas son infantiles y propias de quien nunca ha trabajado o creado una. Con total desenfado, una economista del FA decía que no iba a subir los impuestos, sino que solo los iba a desintegrar (sinónimo de subirlos al doble). Otro decía que en el FA no se hablaba de economía porque se consideraba neoliberal, como si la escasez la hubieran inventado los Chicago Boys. A otro le escuché decir que nuestro Estado debiera ser como el de Corea del Sur (correcto) y que ahí estaba el secreto de su desarrollo (incorrecto). Su régimen jurídico, su apertura comercial, la inversión privada y su ética educacional y laboral explican su éxito (el año 2018 Corea redujo su jornada laboral de 68 horas semanales a 52 y el FA propone en su programa bajarla a 40).

Nadie le teme a la juventud, sino que a la ignorancia disimulada de elocuencia, a la intolerancia camuflada de empatía y a la frivolidad disfrazada de novedad. Nietzsche decía que las convicciones eran más peligrosas para la verdad que las mentiras. El FA tiene convicciones que parecen estar inmunizadas en contra de la evidencia, el sentido común y la verdad. Y sin embargo, quiere dirigir el país y tener poder sobre nuestras vidas, trabajos y familias. A eso hay que temerle y por buenas razones.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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