Liberalismo y deberes I

Daniel Mansuy reconoce el hecho de que el liberalismo es una tradición de muchas ‘lecturas’. Sin embargo, no explicita ‘qué lectura’ de esa tradición política matizaría la necesidad de deberes con el resto o promovería ‘ideas atomistas’ —lo que él decía en su columna original—. Sigo manteniendo mi punto: ninguna.

No hay corriente alguna del liberalismo que se olvide de la radical necesidad de la existencia de los deberes y el respeto de unos con otros. Y eso es lo que permite la cooperación y la vida pacífica en comunidad, y también de diferentes comunidades con diferentes fines comunes.

El liberalismo sistematizó diferentes ideas y tradiciones hasta defender a los humanos como fines en sí mismos, iguales en dignidad.

La obcecación actual del mundo conservador con decir este tipo de cosas solo confunde las discusiones en las que estamos metidos. Deberían dejar su obsesión contra el liberalismo pecaminoso; era su antiguo rival. Además, siempre los dejará rezar y cantar en sus templos y educar en sus colegios.

Frente a mi afirmación de que el liberalismo nos ha humanizado se ‘confiesa agnóstico al respecto’ porque ese poder de humanizar se lo reserva solo a religiones. No conozco los detalles de lo que Mansuy considera una religión —creencias, el poder de humanizar, patrones de comportamiento, grados de fanatismo o utilización de tatuajes—, pero a lo que me refería es que el liberalismo sistematizó diferentes ideas y tradiciones hasta defender a los humanos como fines en sí mismos, iguales en dignidad. Nada más. De ahí se deduce que todos somos iguales en derechos, lo que ha permitido argumentaciones racionales para defender diferentes reformas políticas como, por ejemplo, abolir la esclavitud de los negros y permitir que las mujeres puedan trabajar y votar. Es decir, humanizar a negros y mujeres.

Finalmente: es extraño centrarse en ese bizarro y supuesto problema que le trajo la palabra ‘humanizar’, aunque más raro aún es argumentar sobre este problema utilizando premisas propias y místicas, totalmente ajenas al dominio de la discusión.

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