Friedman reivindicado

La contribución a la ciencia económica por la que Milton Friedman es más conocido es el monetarismo. El mismo Friedman resumiría su postulado central afirmando que la inflación era siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. En otras palabras, el incremento de precios en una economía se deriva siempre de un aumento excesivo en la cantidad de dinero circulando en esa misma economía.

Ahora bien, como Friedman es el enemigo intelectual número uno de la izquierda global, entonces su teoría ha sido, por razones políticas, rechazada explícitamente por un creciente grupo de académicos y banqueros centrales.

Reflejando ese espíritu, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, diría en febrero de este año que la idea de que la cantidad de dinero -M2- tenía implicancias importantes debía ser ‘desaprendida’. Powell afirmaba esto mientras insistía, como muchos otros economistas y banqueros centrales incluyendo al Banco Central Europeo- en que la inflación era ‘transitoria’.

“Cualquiera sea el desenlace final lo claro es que Milton Friedman ha sido, una vez más, reivindicado por los hechos”.

Según la visión a la que estos expertos se han acercado, conocida como Teoría Monetaria Moderna (MMT), se puede imprimir todo el dinero que se quiera sin consecuencias. Obviamente de moderna la teoría no tiene mucho tratándose más bien del viejo inflacionismo mágico que conocemos a la perfección en América Latina. Las consecuencias de seguir esta doctrina, tanto en la eurozona como Estados Unidos, han sido las mismas: alzas descontroladas de precios debido a una expansión del dinero M2 equivalente al triple (18,7%) de lo que sugiere la regla de oro (6%) para mantener una inflación de alrededor de 2%.

Como explica Steve Hanke, esta masiva inyección de liquidez producida por la Fed desde 2020 fue la más rápida desde la Segunda Guerra Mundial. En lugar de advertir los riesgos que involucraba, banqueros centrales y políticos prefirieron culpar al Covid y la guerra en Ucrania por las alzas de precios, factores que, sin duda, inciden, pero que en ningún caso son la causa central del problema. Si lo fueran, entonces no podría darse el hecho de que mientras EEUU y la zona euro tienen una inflación de más de 8% Suiza tiene una inflación de 2,5% y Japón y China una cercana a un 2%. Estos países dependen igualmente de los precios de commodities internacionales y de cadenas de suministros. ¿Qué hicieron distinto? Pues en lugar de salir a imprimir y gastar cantidades siderales de dinero durante la pandemia siguieron las lecciones de Friedman impidiendo que se disparase la cantidad de M2 en la economía. Ahora bien, no es raro que la Fed haya cancelado a Friedman y su teoría monetarista. De los 416 economistas que trabajan en esa institución en Washington, los demócratas superan a los republicanos a razón de 48.5 a 1. Ahora tendrán que lidiar con el problema que ellos mismos crearon, pero, como por razones ideológicas se resistirán a recurrir a Friedman, probablemente lo harán mal, sumiendo a EEUU en una estanflación o, en el peor escenario, en una nueva crisis financiera.

Cualquiera sea el desenlace final lo claro es que Milton Friedman ha sido, una vez más, reivindicado por los hechos, así como sus detractores han demostrado nuevamente no ser capaces de ofrecer políticas que mejoren la calidad de vida de la población.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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