Estatuas iluminadas

Deprimente en lo que terminó la estatua de Manuel Baquedano. Más deprimente aún las discusiones sobre el rol histórico del General, como si tuviera alguna incidencia en lo que pasó. Todos iluminados ahora teorizan sobre historia. Pinochet ya está trillado, pero no sé por qué no hablaron también de Carlos Ibáñez del Campo, otro dictador, o de Allende, que quería mejorar nuestra raza con leyes eugenésicas. En estos casos, quizás, como decía uno de sus defensores, lo «que importa destacar aquí, en base a las fuentes del campo médico presentadas […], es que la esterilización eugénica, si bien figura en el proyecto [de ley] de Allende de 1939, no es en ningún caso una propuesta en la que pueda atribuírsele al médico socialista ni originalidad ni exclusividad». Quizás Boric piensa lo mismo sobre los rumanos y yugoeslavos que pagaban por orejas de Selknam allá en Magallanes: son cuestiones de contexto.

“Hay ciudadanos mareados y pusilánimes, pero también líderes y políticos que prefieren taquillar antes que gobernar. Atizar antes que apaciguar”

La primera discusión que tuve sobre Baquedano fue hace años. Estaba veraneando en el campo de un amigo en Melipilla y tenía que volver. Me mandaron de vuelta con el amigo de un hermano grande. No paró de hablarme latas y de la sencillez de su Kía POP. Debo haber tenido diez u once años y solo pensaba cómo seguir mi verano pescando pejerreyes, bagres y truchas por algún lado. Entrando a Santiago por la Alameda llegamos a Baquedano y empezó a interrogarme sobre el lugar. Para mí era un lugar de celebración, me acordaba de la U del Lulo Socías. Me trató de ignorante, de que yo era típico cuico burbujiento que no sabía nada, y que en ese lugar la ciudad se dividía entre el barrio alto y el bajo. Le puse cara de póker. Él siguió manejando por su torre de Babel.

No tengo idea qué será hoy de ese pobre democratacristiano, pero me recordó las iluminaciones baratas dichas al aire con pasión, sin pudor y menos reflexión. Distorsiones mentales que permiten sermonear sobre urbanismo a un niño de diez años, afirmar que en Chile hay presos políticos, no existe libertad de expresión, o creer que todo el mundo no sabe nada como para andar enseñándole con pasión que la tierra no era plana. Lo peor es que estos iluminados no son Carmen Hertz, de quien se espera cualquier cosa. Son mareados y pusilánimes ciudadanos, pero también líderes y políticos que prefieren taquillar antes que gobernar. Atizar antes que apaciguar. Y ahora aparecieron Guillier y MEO a deslegitimar este proceso constituyente «definido en el acomodado barrio de San Damián», un barrio al que pocos como el señor Guillier podrían acceder con su millonario sueldo como rostro de televisión —persiguiendo a un juez por su condición sexual con cámaras ocultas—, rostro de las Isapres y ahora como Senador. A lo mejor MEO encuentre mejor hacer acuerdos en su querida Cachagua, ya que en una de esas piensa igual que muchos democratacristianos y el amigo del Kía POP: es un «balneario sencillo, incomparable con Zapallar».

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