«Sobre la violencia»
Señor Director: El exjefe del Servicio Jesuita a Migrantes, Miguel Yaksic escribió ayer en «El Mercurio» una larga columna, reflexionando […]
Publicado en El Mercurio, 05.04.2020
Publicado en El Mercurio, 05.04.2020 En una economía libre, los empresarios pueden decidir cobrar menores precios que lo que determinaría el equilibrio de mercado. Al ser voluntario, como en el caso planteado por Susana Sierra en carta de ayer, esos mismos productores pueden ajustarlos al alza si lo ven necesario. Ahora bien, si es el Estado el que fija los precios, la posibilidad de ajustarse desaparece y el incentivo para asignar recursos a la producción de lo más urgente para la población se destruye. Además, cuando el Estado fija un precio, debe fijar los precios de todos los insumos requeridos para la elaboración del producto final, de modo de controlar los costos de su producción. Por eso la fijación de precios tiende a convertirse en una cascada devastadora para la economía. Hay que decir, en todo caso, que más allá de las buenas intenciones, incluso si la mantención de precios bajo equilibrio es voluntaria, solo puede funcionar en el tiempo sacrificando los márgenes de ganancia. Esto producirá un deterioro del capital, de la productividad y, finalmente, de la capacidad de creación de empleo disminuyendo los ingresos reales de las personas. Como consecuencia, la crisis será más aguda y prolongada que en el escenario alternativo.
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