El efecto cobra
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Publicado en El Mercurio, 17.01.2026
Publicado en El Mercurio, 17.01.2026
Autor: Fernando Claro
Señor Director:
Víctor Loaiza, profesor de la UAI, califica en su diario al «Nuevo Ranking» que se introduciría en el sistema de selección universitario como «la segunda oportunidad de la equidad». El supuesto es entonces que la primera vez habría buscado equidad, pero es bueno recordar que ese «ranking» fue instaurado en 2013 contra miles de advertencias, porque nunca, pero nunca, hubo siquiera la más mínima evidencia de que ese «ranking» iba a tener efectos en equidad —lean el artículo de Andrés Barrios en CIPER en 2012—. Ya es discutible que un ranking escolar «real» tenga sentido a ser utilizado en selecciones universitarias, pero ese «ranking» que no era ranking —porque sí, no era, ni nunca, fue un ranking, aunque no lo crean—, siempre se supo lo que iba a generar: inflación de notas, fugas estratégicas y nulo aporte en «equidad». Ese «ranking» fue promovido obcecadamente por Claudio Castro, hoy alcalde de Renca, y el diácono Fco. Javier Gil (QEPD), para luego ser apoyado inentendiblemente por la rectoría de la UC —junto a un matemático de apellido Marshall que rondaba ahí—, la U. de Chile, y el CRUCh —además de Atria y sus mochilas, como Educación 2020 y cía—. Como suele ocurrir y no obstante todas las advertencias, ese «ranking» se instauró igual, porque simplemente sonaba bien y fue la equidad —igual que la «justicia social» y tantas otras— la bandera que se flameó para llevar adelante políticas que nada tenían que ver con mejorar la vida de los chilenos, sino solo para llegar al poder. Fueron los años —2011-2022— en que estaba de moda seguir ciegamente lo que dijesen personas como Giorgio Jackson, Greta Thunberg y el Pelao Vade —a quien llegaron a postular como vicepresidente de la Convención Constitucional—.
Es importante recordar esto, porque todo se olvida y hoy nadie responde, mientras siguen enviado a sus hijos al San Ignacio y Santiago College. Todas las políticas educativas propuestas esos años, todas contrarias a la libertad y calidad educativas, destruyeron la educación pública que ayudaba a los más pobres, pero les sirvió a las elites izquierdistas llegar al poder. Hoy, con el mismo discurso, pero algo más subrepticiamente, intentan hacer lo mismo con la educación universitaria a través del FES, lo que les servirá para algo similar: aumentar el control estatal de la educación y aguantar como «académicos» o burócratas universitarios mientras no están en el poder y todo esto, de nuevo, a costa de los más pobres.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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