Estado benefactor: el fin de una ficción
Es curioso que tanta gente seria haya apoyado alguna vez la idea del Estado benefactor, esto es, que se puede […]
Publicado en La Segunda, 27.11.2020
Publicado en La Segunda, 27.11.2020
Autor: Sascha Hannig
La oferta que recibió CGE por parte de la estatal China State Grid no es sorpresa. La firma ha estado interesada en invertir en el país desde el año 2017 y aprovechó la salida de la estadounidense Sempra de Sudamérica para adquirir sus operaciones en Chile. Con esta adquisición, Beijing sería el dueño de una parte importante de la matriz eléctrica chilena, algo que la FNE está evaluando actualmente, considerando a las empresas estatales chinas como “un solo controlador”. En ese sentido, es importante entender que Chile es uno de muchos países que se enfrentan a esta disyuntiva y que están haciéndose preguntas similares.
Por ejemplo, existe un debate en Filipinas por la concentración de State Grid de 70% de su matriz eléctrica. Australia también ha sido cauteloso prohibiendo la participación de empresas chinas, en la oferta eléctrica, de telecomunicaciones y otros espacios que consideran “críticos”, pero manteniendo fuertes lazos comerciales con el país asiático. Mientras, CWE, también con presencia en Chile, fue sancionada por el Banco Mundial en 2014 y ha estado relacionada con investigaciones por corrupción en Ecuador.
¿Qué se puede hacer entonces para evitar consecuencias negativas? Entendiendo que es imposible restarse del auge de China, pero además, que la inversión extranjera beneficia a Chile, existen tres posturas sobre la naturaleza del capital de países no democráticos.
La primera, es que la institucionalidad ha podido evitar inversiones corruptas o corrosivas, incluso de casos como Odebrecht u OAS, y que, si bien China ha tenido problemas en países vecinos, el ejemplo chileno sería excepcional.
La segunda es que estas inversiones sí tienen fines políticos, pero que un país pequeño como Chile no es capaz de poner trabas reales pero que debe monitorearse el impacto. Esta postura también considera que haya una fuerte atracción de inversión, y evitar a toda costa las negociaciones de Estado a Estado y poner ciertas limitaciones relacionadas con los sectores críticos.
Una tercera postura es escéptica, considera que esta estrategia política de inversiones de países no democráticos que no respetan las reglas o presionan, genera erosión política y estatal, y que se debe siempre considerar los potenciales riesgos y los factores “no económicos” al momento de evaluar estas inversiones o negocios, incluso bloqueándolas.
Con la inestabilidad política de los últimos años a los que varias empresas no están dispuestas a someterse, uno de los resultados esperables es que aumente la presencia de firmas de la República Popular China, y habrá que dilucidar si estas responden a una estrategia conjunta, al ser estatales, y qué postura tomará Chile con este incremento.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
Es curioso que tanta gente seria haya apoyado alguna vez la idea del Estado benefactor, esto es, que se puede […]
Publicado en La Segunda, 27.11.2020Quienes pertenecemos a la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) enfrentamos un momento económico complejo en Chile. Está difícil […]
Publicado en La Segunda, 27.11.2020Señor Director: En carta de ayer, don Rodrigo Echecopar, de Rumbo Colectivo, vuelve a defender las bondades de la multilateralidad […]
Publicado en La Segunda, 27.11.2020«El progreso es imposible sin cambio, y aquellos
que no pueden cambiar sus mentes,
no pueden cambiar nada»