El último Imacec refleja una leve recuperación de la economía, con un crecimiento del 2,5% impulsado por la industria y el comercio. Sin embargo, persisten desafíos estructurales que limitan el desarrollo a largo plazo, como la baja productividad, la falta de inversión y el escaso impacto de las reformas en las últimas décadas.
El debate económico no puede reducirse a cifras mensuales o a promesas de campaña, dado que se requieren políticas concretas que fomenten la innovación, la competencia y el empleo formal. La próxima elección presidencial debería enfocarse en estos desafíos con propuestas serias y viables, pues sin un plan claro para fortalecer el crecimiento, Chile seguirá atrapado en la inestabilidad y la incertidumbre.
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