Por un minuto pareció que las izquierdas latinoamericanas estaban completamente desprestigiadas y acorraladas. Los triunfos de Duque en Colombia, Macri en Argentina, Piñera en Chile y Bolsonaro en Brasil, más la catástrofe de Venezuela, hicieron creer a muchos que la era de los socialistas se había acabado. Pero la realidad es que la izquierda que dominó la política regional por más de una década y media nunca ha estado muerta.
Una década ha transcurrido ya desde que los bancos centrales del mundo comenzaran sus inéditas políticas de expansión monetaria con el fin de evitar una gran depresión y la apuesta ha sido una derrota.
La hegemonía intelectual de la izquierda está teniendo graves consecuencias sociales y políticas.
Probablemente no haya una época en el período de post guerra en que la politización de la sociedad haya alcanzado los niveles actuales en occidente.
Si se tratara de hacer una lista de opresiones que puede sufrir una mujer, Ayaan Hirsi Ali las reuniría casi […]
En Chile la discusión racional, el debate público y sereno de buena fe, está muerto.
Lo peor de la impostura de este sector elitista de nuestra sociedad es el desprecio que esconde por las personas comunes y corrientes que no comparten su humanismo meramente declaratorio.
La decisión del gobierno de Chile de no suscribir el referido pacto ha sido la más responsable y, sin duda alguna, la más alineada con los intereses nacionales, aunque claramente no sea "políticamente correcta".
La idealización de la democracia y su reducción a la mera voluntad de las mayorías constituye una amenaza no solo a la libertad, sino, en última instancia, a la democracia misma.
Lo interesante en el caso de la izquierda es que se muestra totalmente incapaz de hacer una autocrítica para entender por qué ha perdido de manera masiva el apoyo que históricamente obtuvo entre las clases obreras.
¿Acaso no es el cuestionamiento y desafío permanente de los propios puntos de vista la esencia del espíritu liberal?
Concuerdo y celebro el espíritu de la nueva Ley de Identidad de Género; sin embargo, me parece que los liberales no nos hemos hecho cargo de una serie de argumentos relevantes en este debate.
Marx no era más que un impostor, un fraude tanto a nivel humano como intelectual.
Así como la defensa de los DDHH debe ser transversal, condenando los atropellos de regímenes de izquierda y de derecha hoy y en el pasado, la libertad de expresión para discutir sobre la forma en que se tematizan en un museo también debe serlo.
El feminismo predominante hoy en día es un proyecto intolerante y anticientífico, cuyas principales víctimas son las mismas mujeres.
En Chile, el debate público, sereno y racional ha muerto. Todo lo que importa hoy en día es la pose moralista, es decir, la competencia que realizan opinólogos, políticos, periodistas y otros por incrementar su estatus moral frente al público.
Una lástima que este precedente de aplicar nuevos impuestos provenga de un gobierno de centroderecha del que se espera lo contrario.
No es la desigualdad lo que debiera importar desde el punto de vista moral, sino la pobreza.
Lejos de ayudar, la burbuja de sobreprotección dentro de la cual padres y autoridades de todo tipo encapsulan a niños y jóvenes incrementa su fragilidad psicológica, contribuyendo a crear una cultura intolerante y proclive al autoritarismo.
Estas son algunas ideas planteadas por ciertas minorías y grupos feministas en otros países con el fin de superar de una vez la, en su visión, intolerable sociedad machista, racista, abusiva y patriarcal que los humilla a escala masiva y sistemática.
«La libertad es un derecho humano fundamental,
sin él no hay vida digna»