Estado benefactor: el fin de una ficción
Es curioso que tanta gente seria haya apoyado alguna vez la idea del Estado benefactor, esto es, que se puede […]
Autor: Axel Kaiser
Señor Director:
Lamento que Felipe Schwember y Valentina Verbal hayan desaprovechado la oportunidad para contestar preguntas legítimas que formulé en carta del día domingo, como sí lo han hecho, con éxito y amistad cívica, otros miembros de la comunidad LGTB en redes sociales. En lugar de ello han optado por sentirse ofendidos y atribuirse a sí mismos el monopolio del pensamiento liberal.
Actitudes como esa solo contribuyen a convertir el liberalismo en una secta elitista e intolerante, cada vez más alejada de las inquietudes de muchas personas a las que inmediatamente se descalifica o ataca por no compartir sus supuestos o por plantear preguntas incómodas. ¿Acaso no es el cuestionamiento y desafío permanente de los propios puntos de vista la esencia del espíritu liberal?
En cuanto a sus reclamos, ninguna de las intenciones que me atribuyeron es real, como tampoco su denuncia de mis supuestas confusiones. Que el género es idéntico al sexo jamás lo afirmé, aunque como cualquiera con algo de conocimiento científico sabe, el género —sí, el género— tiene también una base biológica, salvo, claro, que se crea en la teoría anticientífica de raigambre marxista según la cual este es exclusivamente una construcción social.
Por eso mismo es que no podría sostener que las personas trans no están en sus cabales, como increíblemente me atribuyen, a pesar de que en mi carta jamás lo dije ni lo sugerí.
Mi pregunta, que ambos optaron por ignorar, fue de buena fe y se refería a una cierta línea de argumentación liberal y a sus consecuencias lógicas. Tampoco es muy liberal pretender clausurar el debate solo porque la ley ya ha sido aprobada, como si estas cosas se zanjaran de una vez y para siempre. De todos modos, Verbal y Schwember, que a estas alturas parecen tener problemas con diferenciar a aliados de adversarios, pueden estar tranquilos, pues en mi 'pretendido liberalismo' siempre he defendido el matrimonio gay, la despenalización del aborto, la legalización de las drogas, la adopción homoparental y la posibilidad de cambiar la identidad de género.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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«El progreso es imposible sin cambio, y aquellos
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no pueden cambiar nada»