La Lista del Pueblo, en vez de ser la voz pura y racional de los marginados en el debate público, ha terminado siendo el reflejo de lo peor de nosotros mismos, de nuestra virulencia y de nuestra actual cultura de la cancelación, contribuyendo a acelerar el estado de descomposición de nuestro debate público
La Convención ha mostrado un cierto consenso en la necesidad de descentralizar el poder político y económico, y en dar atribuciones a los territorios, pero resulta preocupante ciertas intenciones de refundar Chile y cómo esto podría afectar al proyecto descentralizador del país.
Con estas medidas populistas y simplistas –que muchos chilenos y políticos electos incluso avalan–, nos hemos disparado en los pies, cometiendo un acto de suicidio financiero.
La gente olvida o desconoce que la propiedad no es el privilegio de unos pocos sino que la piedra sobre la que se edifica la libertad de todos.
La envidia, escribió John Stuart Mill, es “la más antisocial y odiosa de todas las pasiones”.
Recientemente se publicó el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y sus resultados son elocuentes: el ser humano y sus prácticas de producción son el mayor responsable del calentamiento global en el mundo.
Una de las cosas más sorprendente del proceso de descomposición que vive Chile es la cantidad de gente que se declara desconcertada por lo que ocurre. Es como si de pronto se hubiera reventado la burbuja en la que vivían.
En paralelo al payaseo de la Convención avanza un proyecto de ley de donaciones. Es raro que no se haya pronunciado Giorgio Jackson, nuestro PhD en “donaciones”; nuestro filántropo de Moliere. Quizás es porque quiere insistir con las contorsiones lingüísticas que camuflan mentiras.
Una de las grandes contribuciones del trabajo de Ostrom es demostrarnos que los seres humanos pueden auto-gobernarse y crear instituciones propias sin la necesidad de recurrir a un Estado superior u omnisciente para resolver sus problemas.
Los habitantes de la Macrozona Sur, muchos de ellos ataviados de chalecos antibalas a toda hora del día, buscan una solución concreta a su drama y no las típicas condenas enérgicas a las que nos tienen habituados.
¿El liberalismo tiene algo que decir respecto a la crisis ambiental? Absolutamente sí. ¿Por qué? Porque posee herramientas para contrarrestar los efectos.
Cuando niño me preguntaba por qué en Chile éramos tan pobres si teníamos más superficie que Francia y más recursos naturales que Alemania. Fui a Argentina el año 1978 y me pareció estar en otra galaxia. Ahora, cuando voy parece detenida en el tiempo. ¿Qué pasa que hay países que avanzan y otros que retroceden?
Ahora Boric anda diciendo que el Estado es más avispado haciendo negocios que los privados. Sería vidente, infalible y virtuoso. No sé de dónde saca eso.
La violencia es como una caja de Pandora, ya que, una vez abierta e incitada por los políticos e intelectuales en las redes sociales, esta pierde el control y tiende a naturalizarse y a formar parte normal del país.
Pareciera ser que el resentimiento ha llegado a tal punto, que los constituyentes son verdaderamente una extensión de la situación actual de una parte importante de la política.
Se necesitarían nada menos que 31 años para satisfacer las necesidades habitacionales de las 84.000 familias de ingresos bajos que residen en Santiago.
Para Millas, un pensador honesto debe despojarse de los fetiches ideológicos y, por ende, contribuir a desenmascarar la violencia y denunciar sus trampas filosóficas, en vez de ocultarla por aparentes objetivos nobles.
Qué buena frase la de Boric, de que “no le teman a la juventud”. He conocido mucha gente joven de inteligencia superior, pero no he conocido al que le daría la Presidencia de la República a los 35 años.
El racismo, el sexismo y todas esas cosas están más bien del lado de los profetas de la nueva moral totalitaria. ¿Acaso no es racista o sexista pensar que una persona solo por pertenecer a una determinada etnia o género posee una ventaja moral e intelectual sobre otras?
Esta comedia se centra en la inclusión y en las ganas de crecer un chico con autismo. Una historia de crecimiento personal y del tránsito desde el “espacio seguro” de su hogar hasta la inevitable y caótica adultez.
«El progreso es imposible sin cambio, y aquellos
que no pueden cambiar sus mentes,
no pueden cambiar nada»