Es cierto, como dice José De Gregorio, que algunos economistas —los menos— se equivocaron sobre la hecatombe, pero no fue por asustar, sino porque la liquidación de los ahorros para nuestras pensiones de verdad era algo complicado que se logró manejar, especialmente gracias a la acción del Banco Central.
Los chilenos le tenemos miedo a la verdad y preferimos esconderla que abrazarla y pagar el costo por ello. Como consecuencia de este rasgo idiosincrático, casi todo lo que se dice con impacto público raya en la mentira
Impuestos altos suponen menos crecimiento y, lo que es más importante, menos libertad.
En su momento de mayor necesidad, las mujeres afganas no pueden acudir a las feministas en busca de apoyo.
Robert Frost termina su célebre poema Mending Wall con una frase muy atingente a nuestro último impasse diplomático con Argentina: “Good fences make good neighbors” (Las buenas cercas hacen buenos vecinos).
Se cumplieron 10 años desde el accidente de Juan Fernández. Ahí murió un grupo variopinto de chilenos con distintos apellidos: Camiroaga, Correa, Fernández, Arnolds…
Hace tiempo se viene atacando al Banco Central por parte de sectores de izquierda.
Antes de eso, leía solo a veces sus críticas: cuando eran muy comentadas o me enfrentaba a ellas sin querer. Entre tantos delirios, antijerarquías y modas predecibles, se echaban de menos sus escritos ahora que había jubilado de ellos.
La Lista del Pueblo, en vez de ser la voz pura y racional de los marginados en el debate público, ha terminado siendo el reflejo de lo peor de nosotros mismos, de nuestra virulencia y de nuestra actual cultura de la cancelación, contribuyendo a acelerar el estado de descomposición de nuestro debate público
La Convención ha mostrado un cierto consenso en la necesidad de descentralizar el poder político y económico, y en dar atribuciones a los territorios, pero resulta preocupante ciertas intenciones de refundar Chile y cómo esto podría afectar al proyecto descentralizador del país.
La economista e historiadora Deirdre McCloskey escribió The myth of the entrepreneurial state, cuya traducción fue publicada esta semana en Chile por la FPP.
Con estas medidas populistas y simplistas –que muchos chilenos y políticos electos incluso avalan–, nos hemos disparado en los pies, cometiendo un acto de suicidio financiero.
La gente olvida o desconoce que la propiedad no es el privilegio de unos pocos sino que la piedra sobre la que se edifica la libertad de todos.
La envidia, escribió John Stuart Mill, es “la más antisocial y odiosa de todas las pasiones”.
Recientemente se publicó el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y sus resultados son elocuentes: el ser humano y sus prácticas de producción son el mayor responsable del calentamiento global en el mundo.
Este debate entorno al derecho de propiedad resulta fundamental y determinante para el futuro del país, en este ensayo analizaremos las distintas propuestas de algunos sectores de izquierda constituyentes.
Una de las cosas más sorprendente del proceso de descomposición que vive Chile es la cantidad de gente que se declara desconcertada por lo que ocurre. Es como si de pronto se hubiera reventado la burbuja en la que vivían.
En paralelo al payaseo de la Convención avanza un proyecto de ley de donaciones. Es raro que no se haya pronunciado Giorgio Jackson, nuestro PhD en “donaciones”; nuestro filántropo de Moliere. Quizás es porque quiere insistir con las contorsiones lingüísticas que camuflan mentiras.
Una de las grandes contribuciones del trabajo de Ostrom es demostrarnos que los seres humanos pueden auto-gobernarse y crear instituciones propias sin la necesidad de recurrir a un Estado superior u omnisciente para resolver sus problemas.
Los habitantes de la Macrozona Sur, muchos de ellos ataviados de chalecos antibalas a toda hora del día, buscan una solución concreta a su drama y no las típicas condenas enérgicas a las que nos tienen habituados.
«La libertad es un derecho humano fundamental,
sin él no hay vida digna»