Chile ha optado nuevamente por el socialismo. Ya lo tuvimos y lo padecimos. Terminó mal, con pobreza, odio y pérdida de la democracia.
El triunfo de Gabriel Boric marca un hito político en varios sentidos. Hay, sin embargo, tres elementos clave a considerar que quedan en evidencia.
Boric admira mucho a Allende, así que veremos si maneja mejor otro de sus más famosos estorbos: su alianza con fanáticos. Al menos supongo que no enviará proyectos de ley para mejorar la raza de nuestros compatriotas, como hizo Allende. La eugenesia esos días era una moda, hoy estamos para otras.
Escribí esta columna sin saber el resultado de la elección porque me parecía que no importaba si la centroderecha ganaba o perdía. Cualquiera hubiera sido el resultado, su misión debe ser la misma.
Creemos necesario mantener el régimen de votación voluntario y analizar lo que han hecho los demás países del mundo para afrontar la baja participación electoral.
El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, junto a otros economistas socialistas, han expresado su apoyo al candidato Gabriel Boric.
Días atrás, el candidato Gabriel Boric se declaró socialdemócrata. ¿Acaso ha dejado de creer en el socialismo del siglo XXI?
En el debate le preguntaron a Boric si los fondos ahorrados por una persona que había impuesto toda su vida y moría a los 64 años —uno antes de jubilar— los heredaban sus hijos
Gane quien gane este domingo, el proceso de deterioro económico e institucional chileno continuará.
Inmediatamente después de los resultados de la primera vuelta, los medios se vieron repletos de columnas y reportajes indicando que José Antonio Kast habría ganado en las comunas más pobres de Chile.
Ante la percepción de estar primero, es entendible que Gabriel Boric prefiera no sobreexponerse.
Se ha intentado argumentar por quienes apoyan a Gabriel Boric de cara a la segunda vuelta presidencial que este enarbolaría los valores de la social democracia europea. Incluso un análisis superficial, sin embargo, permite concluir algo distinto.
Antes, los candidatos inventaban programas. Ahora, inventan evangelios. Los columnistas no podemos ser menos y por eso me he permitido publicar esta carta de San Pablo a los chilenos.
El clima de intimidación que rodea a quien piense distinto es cada vez mayor. El órgano constituyente y su idea de 'negacionismo' es un ejemplo agresivo de deriva totalitaria.
Chile lleva décadas perdiendo sostenidamente niveles en el ranking de libertad económica y las personas, sobre todo los jóvenes, las mujeres y los grupos marginados, son los que más han sentido el golpe.
El Economista Callejero se llama su nuevo libro, que está liderando las ventas de los libros de no ficción y con el que intenta de manera simple enseñar economía para que la gente 'no se deje engañar por discursos populistas, demagógicos y por ideologías que plantean promesas de mundos mejores que son imposibles de cumplir', dice.
Desde octubre del 2019 muchos sostuvieron la tesis de que el país vivía subordinado a un presunto modelo “neoliberal” malvado y opresor, que sometía a los ciudadanos a punta de expansión de los mercados y privatización que beneficiaba solo a algunos.
Pablo Aguayo responde a mi carta criticando a Hayek por defender la idea de una democracia limitada.
En lo que va del año nos hemos visto enfrentados a significativos incrementos en los precios de muchos bienes, lo que ha hecho que la inflación se haya disparado.
Pablo Aguayo, quien firma como doctor en Ética y Democracia, dice en su diario que los liberales en Chile no son tales porque defenderían 'doctrinas que establecen una sola forma de vida buena'.
«La libertad es un derecho humano fundamental,
sin él no hay vida digna»