Estas son algunas ideas planteadas por ciertas minorías y grupos feministas en otros países con el fin de superar de una vez la, en su visión, intolerable sociedad machista, racista, abusiva y patriarcal que los humilla a escala masiva y sistemática.
El problema de Macri es el de todas las derechas: creen que ganar la elección es ganar la contienda política.
Una sociedad con individuos incapaces de pensar se torna incapaz de juzgar, de discernir y, por tanto, de hacerse preguntas, y queda entonces entrampada en el mito, el prejuicio y la irracionalidad.
Reemplazar completamente a las personas tiene más de populismo tecnológico que de facilidad democrática, a la vez que no se hace cargo del problema de la confianza.
La defensa del Estado de derecho sólo podrá ser cumplida con sistemas legales que no sean una lista de deseos, que no se vean modificados por mayorías artificiales, y que protejan el derecho individual de cada ciudadano
Es más fácil culpar de la escasez y la hambruna aun supuesto complot internacional, antes que analizar los efectos que tienen las medidas económicas nefastas tomadas por parte de un gobierno.
Quizás algún neoliberal alienado habrá tenido la peregrina idea de introducir competencia a una práctica tan noble como observar pájaros y colaborar con la ciencia.
Ese grupo de personas que llamamos Estado tiene la obligación de velar por que los impuestos sean lo más bajo posible, pues el dinero que estos sustraen no es de ellos ni de aquellos que pretenden beneficiar, sino de los pagadores de impuestos que lo han generado con su trabajo.
No hay que olvidar que la subordinación de un poder con respecto a otro podría ser algo nefasto para el fortalecimiento de las instituciones democráticas y para un Estado de Derecho.
Los bondadosos proponen siempre la misma, extraña y contraria solución: más poder y, especialmente, más poder para los políticos.
En nuestro país han ido permeando los criterios colectivistas que terminan por derrumbar los cimientos que sustentan a la democracia que tanto costó recuperar.
En democracia, parlamentarios y funcionarios públicos toman decisiones que afectan a todos pero jamás asumen un costo cuando éstas salen mal. 'No skin in the game'.
La imagen de ex mandatarios latinoamericanos siendo sometidos a procesos judiciales, sobre todo por casos de corrupción, se ha vuelto habitual en los medios del continente. La tensión entre poder y ética ha sido el eje central en la historia de la política de América Latina.
La solidaridad democrática de la izquierda latinoamericana no es con la democracia y sus instituciones, sino con la corruptela de sus líderes.
Esperemos tener un oficialismo firme y una oposición con capacidad de diálogo. Un país desarrollado debe dejar de lado el fanatismo ideológico frente a los problemas ciudadanos y tener la capacidad de conversar. La democracia necesita de diálogo abierto, de miradas de largo plazo, y no de egoístas disputas parlamentarias. Los ciudadanos esperan que sus representantes muestren que son capaces de dirigir un país. Chile no necesita fútiles disputas, necesita avanzar. La clase política debe pasar de las batallas al diálogo.
El problema pareciera ser más profundo: se trata de una corriente autodenominada "progresista", que excluye del discurso público a quienes no están alineados con esta sofisticada forma de buenismo.
Lo cierto es que en la izquierda se confrontan dos visiones con respecto a la política democrática actual. Una está marcada por la mera ética de convicción, cuyo maximalismo es notorio cada cierto tiempo, que además concibe la política como una suma cero donde hay amigos y enemigos, lo que se ve reflejado en su clara visión instrumental de la democracia y sus instituciones más básicas como un simple obstáculo para sus concepciones radicales e incluso violentas e irreflexivas. La otra parte podría conformarse como un adversario razonable y esencialmente responsable, que entiende que la política es un espacio de antagonismos que nunca desaparecen pero que deben ser manejados dentro de los marcos democráticos fundados en una ética argumentativa.
Si se quieren subsanar los vicios de este tribunal no se necesita eliminarlo, ni menos aun se requiere una Asamblea Constituyente. Es necesario reformar la forma en que se designan sus jueces, que estos pasen un test de viabilidad para tan importante cargo y que su designación sea, como mínimo, justificada democráticamente a través del Congreso. L
Urge reprogramar el mindset -la mentalidad- del liderazgo, pues la transformación que está demandando la realidad en la sociedad no es puramente tecnológica o digital.
"Desgraciadamente para algunos de sus detractores, Kast no anda prometiendo eliminar el Parlamento ni alguna raza inferior".
«La libertad es un derecho humano fundamental,
sin él no hay vida digna»