El modelo Piñera
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A propósito de la columna de Axel Kaiser sobre el rol del Estado, titulada «Un Estado para adultos», se originó un debate de cartas entre Kaiser y Rafael Pastor Besoaín, Decano de la Facultad de Derecho y Humanidades de la Universidad Central de Chile. El intercambio abordó la naturaleza del Estado, sus fallas, el rol de los mercados y la legitimidad de la intervención estatal en la economía.
Rafael Pastor Besoaín: «Un Estado para adultos»
Publicado en El Mercurio, 05.04.2026
Señor Director:
La reciente columna de Axel Kaiser, titulada «Un Estado para adultos», ofrece una provocadora crítica al rol del Estado, destacando sus limitaciones, ineficiencias y riesgos de captura. Sin embargo, su planteamiento (que la idea del Estado orientado al bien común sería un mito pernicioso) resulta incompleto desde una perspectiva jurídica y económica.
En efecto, el Estado no es una entidad moral autónoma, sino una organización compuesta por personas, susceptible de errores y desviaciones, tal como lo son los mercados en su diversidad. Pero de ello no se sigue que carezca de justificación normativa o moral. El derecho constitucional y administrativo ha desarrollado mecanismos para limitar, controlar y orientar el poder estatal, transformándolo en una institucionalidad sujeta a reglas, responsabilidad y escrutinio democrático.
En este punto, resulta ilustrativa la «lógica de lo apropiado» desarrollada por March y Olsen (2006), según la cual los actores institucionales no solo responden a su propia función de utilidad, sino también a normas, roles y expectativas sobre lo que es correcto hacer en un determinado contexto. Bajo esta lógica, el Estado no opera únicamente como un aparato de extracción o dominación, sino también como un espacio donde se internalizan estándares de conducta pública que orientan la acción hacia fines legítimos colectivos.
Asimismo, la crítica omite las fallas de mercado que justifican la intervención estatal como consecuencia de la existencia de mercados inexistentes (solución: bienes públicos), externalidades, asimetrías de información, conductas anticompetitivas, entre otros. Entonces la pregunta relevante no es si el Estado falla (ya que sí lo hace), sino cómo mejorar su diseño institucional para lograr un mejor rendimiento.
En este sentido, una discusión más madura entre adultos exige más equilibrio, que se traduce en dejar de lado la idealización ingenua de los mercados y el escepticismo radical respecto al Estado.
Rafael Pastor Besoaín
Decano Facultad de Derecho y Humanidades, Universidad Central de Chile
Axel Kaiser: Un Estado para adultos
Publicado en El Mercurio, 06.04.2026
Señor Director:
No cabe duda de que en filosofía política y derecho constitucional existen justificaciones normativas para la existencia del Estado, como sostiene Rafael Pastor en su carta de ayer. La teoría resiste cualquier cosa y las ha habido para justificar el Estado nazi, el comunista, los absolutistas e incluso los genocidios del siglo pasado a manos del Estado.
El punto de mi columna fue que, si queremos discutir como adultos sobre el Estado, debemos verlo por lo que este es en la realidad y no por lo que la teoría dice que es.
Salvo que se crea en fantasías de seres bondadosos velando por el bien de personas a las que ni siquiera conocen, la evidencia es contundente: el Estado son personas que persiguen su interés y carecen de todo mecanismo sustancial de autocorrección para sus abusos, despilfarros y corrupción.
En Chile llevamos treinta años hablando de mejor diseño institucional y el Estado solo ha crecido con el resultado de que estamos mucho peor que antes.
Por lo demás, la teoría de las fallas del mercado es también discutida en economía por ser una construcción artificial basada en modelos que nada tienen que ver con la realidad. Lo que sabemos con toda certeza es que en el mercado el costo de malas decisiones los paga de inmediato el individuo y, por tanto, casi siempre será mejor para resolver problemas que el Estado. Por eso mismo, nada que puedan hacer los privados —incluyendo la filantropía— debería ser hecho por ese grupo de personas que buscan su interés con nuestro dinero al que llamamos Estado.
Axel Kaiser
Rafael Pastor Besoaín: «Un Estado para adultos»
Publicado en El Mercurio, 07.04.2026
Señor Director:
La evidencia histórica y comparada muestra algo distinto a lo señalado por Axel Kaiser en su carta de ayer. En efecto, no existen casos de desarrollo sostenido sin Estados con capacidades efectivas y mercados regulados. El que ilustra muy bien este punto es Francis Fukuyama en su libro «La construcción del Estado: gobernanza y orden mundial en el siglo XXI», de 2004.
En este sentido, conviene precisar que un «Estado eficaz» equivale a uno capaz de cumplir funciones básicas, como garantizar el Estado de Derecho, hacer exigibles los contratos, proveer bienes públicos y socialmente preferentes, como a su vez, regular adecuadamente los mercados. Bajo esta definición, las trayectorias modernas de países como Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Corea del Sur o Taiwán revelan un elemento común: el desarrollo económico fue acompañado, y en muchos casos impulsado, por instituciones estatales robustas.
Incluso aquellos ejemplos frecuentemente citados como paradigmas de economías «libres», como Nueva Zelandia o Australia, descansan sobre Estados de Derecho altamente competentes, con fuerte capacidad administrativa y regulatoria. No se ha tratado, por tanto, de minimalismo estatal en estos casos, sino de calidad institucional.
Por el contrario, los países que no logran desarrollarse suelen compartir un rasgo estructural: Estados débiles, incapaces de proveer bienes públicos, controlar abusos o sostener reglas estables. En ese contexto, ni el mercado ni la filantropía logran sustituir dichas funciones óptimamente.
En consecuencia, la discusión relevante para Chile pareciera estar no en la caricaturización del Estado, sino sobre cómo asegurar su rendimiento eficaz, limitado y responsable (al servicio de la persona humana), que permita el funcionamiento de mercados dinámicos y promueva una sociedad civil vigorosa.
Rafael Pastor Besoaín
Decano Facultad de Derecho y Humanidades, Universidad Central de Chile
Axel Kaiser: «Un Estado para adultos»
Publicado en El Mercurio, 08.04.2026
Señor Director:
Contrario a lo que sugiere Rafael Pastor (carta de ayer), no fue la intervención estatal la que produjo la mayor explosión de prosperidad que ha conocido la humanidad: un aumento del ingreso per cápita mundial entre 20 y 40 veces en los últimos doscientos años, junto con una reducción de la pobreza extrema del 80% a menos del 10%.
Diversos historiadores económicos (Deirdre McCloskey, Joel Mokyr y Daniel Susskind, entre otros) han demostrado que este proceso fue impulsado por una revolución intelectual y cultural liberal: el surgimiento de una ética que valoraba el comercio, la innovación y al emprendedor; la difusión de ideas que limitaron el poder arbitrario del Estado, y nuevas formas de conocimiento que privilegiaron la experimentación y el progreso tecnológico.
Los países ricos de hoy lo son, en lo fundamental, gracias a haber adoptado —en mayor o menor medida— instituciones y culturas liberales, no gracias a sus burocracias ni a sus políticas redistributivas. Muchos países pobres, en cambio, siguen atrapados precisamente por el peso de un Estado intervencionista y extractivo. Ahora bien, el Estado de Derecho —la protección efectiva de la vida, la libertad y la propiedad— es, sin duda, una condición indispensable para el progreso. Pero ese es precisamente el rol mínimo y legítimo del Estado que plantee desde el principio. Casi todo lo demás —educación, salud, pensiones, vivienda, transporte— funciona mejor cuando queda en manos de la sociedad civil y el mercado competitivo.
En Chile, después de décadas de crecimiento del aparato estatal, los resultados son desalentadores: el Estado es cada vez más grande y caro, pero ni siquiera es capaz de cumplir su función más elemental, que es la de garantizar la seguridad ciudadana. Esa sola evidencia debería bastar para replantear seriamente su rol y tamaño.
Axel Kaiser
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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«El progreso es imposible sin cambio, y aquellos
que no pueden cambiar sus mentes,
no pueden cambiar nada»