Realidad económica vs. fantasía política
Fui al seminario del Diario Financiero donde el invitado estelar era nuestro ministro de Hacienda don Jorge Quiroz, ex columnista […]
Publicado en El Líbero, 03.04.2026
Publicado en El Líbero, 03.04.2026 Me pasé un buen rato escribiendo unos párrafos que explican cómo funciona el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) en Chile, pero hasta yo me aburrí. Los borré porque definitivamente hay quienes podrían explicarlo mejor que yo, con peras, manzanas y ciruelos. Lo primordial, querido lector, es saber que en Chile inventamos una herramienta —se llama MEPCO— que el gobierno usa para que, cuando el precio global del petróleo suba, en Chile suba también, pero más lento. Usar esa herramienta le cuesta plata al gobierno —y, por ende, nos cuesta a todos, ya que el gobierno no existiría sin nuestros impuestos—, pero cuesta plata de una forma inesperada. No es que el gobierno se ponga con la plata que nos falta para costear el precio más alto del combustible, sino que deja de cobrar los impuestos al combustible que tenía previsto. En simple, el precio del combustible en Chile subiría más lento a la vez que el gobierno tiene menores ingresos.
«La conveniencia política por muchos años ha opacado la disciplina fiscal. Así, ante el mayor precio global del combustible, quedamos debilitados y, en realidad, no había opciones buenas: usar el MEPCO a punta de mayor deuda o no usarlo a cabalidad»
Lo anterior tiene una consecuencia bastante intuitiva: dado que, al ocupar la herramienta, los ingresos son menores, pero las necesidades de gasto siguen siendo las mismas, tenemos que endeudarnos. No queda de otra, a no ser que tengamos ahorros. ¿Tenemos ahorros? Sí, pero muy pocos. Solíamos tener más y usarlos en emergencias, como el terremoto de 2010 y la pandemia. El problema es que, después de octubre de 2019, esos ahorros empezaron a gastarse y no se han recuperado. Y aún más problemático es que, desde mediados de 2023 hasta fines de 2025, quienes nos gobernaban se gastaron la mitad de lo poco que quedaba, pese a no enfrentar emergencias comparables.
Así es la cosa Rosa, quedamos sin ahorros suficientes y el único camino para usar el MEPCO sería el de la deuda. Hay quienes no tienen ningún problema con eso, por cierto. Dicen que la deuda de Chile es baja, que no nos vendría mal pedir más plata prestada y pagarla después con intereses. Eso incomodaría a cualquiera. Lo cierto es que nuestra deuda es baja sólo en comparación con la de algunas naciones con economías más robustas, pero eso no quita que haya crecido más de 10 veces desde 2007. Además, para esos países con economías más robustas, endeudarse sale más barato precisamente porque quienes les prestan plata confían en su dinamismo económico. Nuestra economía no es de esas, de hecho, se ha ido alejando de ese dinamismo. Recordemos el famoso análisis de Urzúa el año pasado: Chile era uno de los siete países del mundo que experimentaban estancamiento económico y crecimiento de la deuda simultáneamente. Por eso, y otras razones, en 2022 —cuando aún no llegábamos al 40%— definimos 45% del PIB como el límite prudente de deuda del país. Actualmente vamos en 41,5%. El espacio de maniobra no es mucho. ¿Y si hay otra emergencia?
Volvamos un poco, porque hay un detalle importante que no mencioné sobre el MEPCO. Sin entrar en tecnicismos, la forma en que funciona esta herramienta también permite al gobierno recaudar más plata cuando el precio global del petróleo baja. Así, está pensado como una suerte de autoseguro: ahorramos en los tiempos buenos para gastar en los malos.
Yo a veces hago eso con mis propios gastos. Si hay un mes en que tengo un gasto imprevisto (medicamentos, regalos de cumpleaños, se me olvidó cancelar la suscripción de prueba de Spotify, etc.), uso mi tarjeta de crédito o mis ahorros para costearlo y al mes siguiente me aprieto el cinturón. La diferencia es que yo soy un maníaco con mis finanzas. Tengo un Excel con todos mis ingresos, mis gastos y lo que debo, y la actualizo todos los días. Sé exactamente cuántos pesos pago en impuestos y cuántos pesos me quedan para ir al cine y comprarme cafecitos. En el Estado, sin embargo, ni siquiera saben cuántos empleados tienen. Además, yo tengo estabilidad en mis ingresos, sé cuánto me llegará cada mes. En el Estado no lo saben y tienen que proyectarlo, y se equivocan, mucho. Aun así, lo más importante es que, si yo me porto mal y pierdo ese orden, el que sufre las consecuencias soy yo y nadie más. En el Estado no sufren los que administran la billetera, sufrimos los que pagamos impuestos. Autoasegurarse con ahorros es posible y puede ser conveniente, pero vaya que requiere disciplina. Quienes nos han gobernado se gastaron el grueso de nuestros ahorros, nos endeudaron cada vez más y de formas confusas, pateando gastos y nuevos endeudamientos hacia el futuro. La conveniencia política por muchos años ha opacado la disciplina fiscal. Así, ante el mayor precio global del combustible, quedamos debilitados y, en realidad, no había opciones buenas: usar el MEPCO a punta de mayor deuda o no usarlo a cabalidad, dejando que los precios de los combustibles suban, agregando algunas medidas de focalización de gasto en quienes más podrían necesitarlo. El gobierno decidió actuar con disciplina.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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