El uso de bots y la manipulación política de Starwars

Vivimos en un periodo de resurgimiento de los autoritarismos[1]. Un mundo donde, tal como en una película de los 80, agentes rusos, operando desde bases secretas subterráneas (o quizá desde un simple edificio de oficinas en San Petersburgo)[2] están desarrollando campañas para desarticular y dividir a las sociedades democráticas del mundo.

Nueva evidencia sugiere que estos esfuerzos podrían haber alcanzado una galaxia muy lejana. Un reciente estudio titulado, “El último Jedi y la politización estratégica de la cultura popular a través de la manipulación de las redes sociales” por Morten Bay[3], expone que un manojo de cuentas automatizadas conectadas con operaciones de influencia rusa pudieron haber jugado un rol en generar controversias en torno a la recepción del público hacia la película “Star Wars episodio VIII: el último Jedi”.

A primera vista, las chances de que esto ocurra son aproximadamente 3720 a una. ¿Por qué tuitearían los bots rusos sobre Star Wars?, ¿Qué beneficio político podrían si quiera prever de esta estrategia?

No tiene sentido decirle a un bot las estadísticas. Lo cierto es que la cultura siempre es política[4], y en estos tiempos polarizados, una franquicia tan fuertemente arraigada en la cultura popular como Star Wars no puede evitar ser parte de ello. Los agentes rusos no fueron los únicos que presuntamente tuitearon sobre Star Wars: el estudio demostró que toda la polémica que se levantó en torno a la película era real. Es decir, de usuarios realmente enfadados.

El estudio presenta evidencia de usuarios de Twitter ideológicamente movilizados, atacaron la película, entre otras cosas, por lo diverso de su elenco (distinto a las películas anteriores de Star Wars). Además, se reportó el surgimiento de una campaña de redes sociales para hacer caer el puntaje de evaluación de la película a través de bots[5] y crear una narrativa para criticar al casting y las decisiones de trama del director Rian Johnson. La investigación de Bay también acusa que fueron estos mismos fans los que amedrentaron a algunos actores de película, provocando que incluso, una cerrara sus cuentas de redes sociales[6].

El uso propagandístico de una controversia política es una de las formas más comunes de manipulación de redes sociales. Si los actores políticamente motivados crean suficiente humo, algunos medios picarán. Cualquier publicación periodística puede convertir una polémica imaginada en un incendio real. Es más fácil lograr esto mediante divisiones sociales ya existentes[7].

Pese a que el autor del estudio no ofrece una prueba definitiva de que los bots pertenecen directamente a las autoridades rusas y establece que los bots solo representan una pequeña parte de los usuarios insertados en la polémica[8], la táctica sigue siendo practicada[9] por operaciones rusas de influencia. Estas se dedican a medir las redes sociales para buscar controversias y amplificar las discusiones que se relacionen con divisiones sociales existentes.

Las operaciones de influencia también utilizan las redes sociales para silenciar a los críticos, muchas veces mujeres que investigan dichas campañas. Un ejemplo, es el caso de Jessikka Aro, una periodista Finlandesa que fue amedrentada y amenazada por “trolls rusos” tras escribir sobre las operaciones del gobierno de Moscú para difundir campañas de desinformación en países extranjeros[10].

Pero Rusia no es el único país autoritario que ha mezclado películas y geopolítica. De manera infame, Corea del Norte hackeó Sony Pictures como venganza preventiva por el estreno de una película cómica que se burlaba de su líder politico[11]. Pero su vecino más grande, La República Popular de China, se mueve en este reino de manera mucho más sutil. El Partido Comunista Chino (PCC) maneja las representaciones de China en el cine mediante una combinación de inversión directa en estudios cinematográficos extranjeros y el control total de lo que ingresa al gigantesco mercado doméstico del país. “Si bien en el pasado”, señala un reporte del Center for International Media Assistance (CIMA),  “los estudios de Hollywood estaban principalmente preocupados de como extirpar de una película terminada para pasar a los censores, hoy las decisiones sobre el contenido a publicar vienen directo de la fuente: cuando las películas son conceptualizadas y llevadas a cabo.” [12] A través de una serie de factores de presión, Beijing “incentiva” a los estudios cinematográficos a mostrar a China solo de manera positiva, e incluso puede prevenir que las películas que se estrenan toquen temas sensibles como el Tibet, la masacre de Tiananmen, Taiwán o los campos de concentración para minorías étnicas y religiosas, en el noroeste de Xinjiang[13].

“Para muchos regímenes autoritarios, la cultura representa un blanco más dentro de los esfuerzos para generar un sistema completamente operacional de influencia.”

Lo irónico es que, pese a que moldean la cultura para empujar sus agendas en el extranjero, Moscú y Beijing temen las expresiones artísticas descontroladas en su propio territorio. La censura de China ha no solo ha barrido, sino vencido por medio de una ciega determinación, a un espectro que va desde estudios cinematográficos hasta editoriales de publicación[14], espacios de noticias, y en el futuro, empresas digitales[15].

En los últimos años, se han visto claros casos de represión artística en Rusia. Esto incluye el juicio contra la banda de punk rock Pussy Riot[16] [17], la reacción hostil del gobierno y los aliados del régimen en contra del Leviathan, la entrega rusa galardonada con un Golden Globe en 2014,[18] y la reciente prohibición de la película de 2017, “La muerte de Stalin”[19]. Rusia ha visto un auge significativo en su nacionalismo[20], alimentado por la invasión de Ucrania, por lo que el dominio cultural se ha convertido en fuente de preocupación e inversión para el regimen.

Frente a todo esto, no suena tan raro que los bots rusos se enfocaran en atacar Star Wars, una franquicia lo suficientemente cercana a los corazones de mucha gente para abrir heridas políticas entre rivales. Para muchos regímenes autoritarios, la cultura representa un blanco más dentro de los esfuerzos para generar un sistema completamente operacional de influencia.

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Dean Jackson (autor invitado) es licenciado en Ciencias Políticas de la Wright State University con maestría en Relaciones Internacionales de la University of Chicago. Actualmente se desempeña como asistente de oficial de programa en el grupo de expertos interno del National Endowment for Democracy, el International Forum for Democratic Studies.
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Artículo republicado con permiso del Foro internacional para Estudios Democráticos (Internacional Forum for Democratic Studies) de la organización National Endowment for Democracy (NED). Esta traducción ha sido realizada por Fundación para El Progreso. El permiso para reproducir este contenido no implica que otras opiniones o perspectivas publicadas en este sitio web reflejen la postura de la Endowment o sus miembros. El contenido original de este artículo está disponible en el siguiente enlace.
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Traducido por Sascha Hannig, Coordinador de Proyectos del equipo de Estrategia y Relaciones Institucionales de la Fundación para el Progreso. 

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Bibliografía:

[1] https://www.journalofdemocracy.org/issue/april-2015/

[2] https://www.nytimes.com/2015/06/07/magazine/the-agency.html

[3] Bay, Morten. (2018). Weaponizing the haters: The Last Jedi and the strategic politicization of pop culture through social media manipulation, recopilado el 19 de Julio de 2019, disponible en https://www.researchgate.net/publication/328006677_Weaponizing_the_haters_The_Last_Jedi_and_the_strategic_politicization_of_pop_culture_through_social_media_manipulation?platform=hootsuite

[4] Russian trolls used Star Wars to sow discord online. The fact that it worked is telling.

https://www.vox.com/culture/2018/10/4/17930308/star-wars-russia-trolls-bots-alt-right-gamergate-fandamentalism

[5] https://www.huffpost.com/entry/rotten-tomatoes-last-jedi-ratings-bots_n_5a38cb78e4b0860bf4aab5b1

[6] https://variety.com/2018/biz/news/star-wars-kelly-marie-tran-leaves-social-media-harassment-1202830892/

[7] https://www.ned.org/issue-brief-how-disinformation-impacts-politics-and-publics/

[8] https://www.washingtonpost.com/business/2018/10/03/so-did-russian-bots-try-bring-down-star-wars-after-furor-man-who-authored-study-says-not-exactly/?utm_term=.336ee2f6d8e3

[9] https://securingdemocracy.gmfus.org/toolbox/how-to-interpret-the-hamilton-68-dashboard-key-points-and-clarifications/

[10] https://www.bbc.com/news/blogs-trending-41499789

[11] https://www.usatoday.com/story/news/nation-now/2014/12/18/sony-hack-timeline-interview-north-korea/20601645/

[12] http://www.cima.ned.org/wp-content/uploads/2017/03/CIMA-Beyond-the-Great-Firewall_150ppi-for-web.pdf

[13] https://www.nytimes.com/2013/11/09/world/asia/bloomberg-news-is-said-to-curb-articles-that-might-anger-china.html

[14] https://www.insidehighered.com/quicktakes/2017/11/02/publisher-complies-chinese-censorship

[15] https://www.nytimes.com/2018/08/01/technology/china-google-censored-search-engine.html

[16] https://www.theguardian.com/world/2012/aug/03/pussy-riot-trial-russia

[17] https://www.newyorker.com/news/news-desk/the-absurd-and-outrageous-trial-of-pussy-riot

[18] https://www.newyorker.com/news/news-desk/campaign-leviathan-russia

[19] https://www.independent.co.uk/news/world/europe/death-of-stalin-russia-why-censored-first-since-soviet-era-a8176261.html

[20] https://www.crisisgroup.org/europe-central-asia/caucasus/russianorth-caucasus/251-patriotic-mobilisation-russia

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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