La vuelta del vampirismo
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Publicado en El Mercurio, 29.03.2026
Publicado en El Mercurio, 29.03.2026 Fui al seminario del Diario Financiero donde el invitado estelar era nuestro ministro de Hacienda don Jorge Quiroz, ex columnista de este diario. En la introducción, el anfitrión dijo que le había pedido a la inteligencia artificial que buscara un hilo conductor en las más de 60 columnas que encontró del ministro de Hacienda. Y ésta le contestó con una frase muy simple: el mensaje de fondo y común de sus columnas es que «siempre la realidad económica se impone a la fantasía política».
Qué gran síntesis de una pugna que atraviesa la historia de este continente, aquella del voluntarismo ideológico vs. el realismo económico. Es esa discusión eterna entre el Quijote y Sancho. No en vano inventamos el realismo mágico, ese género literario que transita de la fantasía a la realidad y del mito a la historia. Nada grafica mejor esta dicotomía que la historia del político mexicano en campaña que, cual Kast, no halló nada mejor que empezar a recitar los problemas que enfrentaba su país, hasta que de la audiencia le gritaron: «Basta de realidades queremos promesas».
«No hay nada más pernicioso que permitir que la política meta sus manos en los precios. Estos son un lenguaje y la política solo puede distorsionarlo»
Venimos saliendo de un gobierno como los que hemos tenido cientos en nuestra América Latina (Cuba, Venezuela, Peronismo, Bolivia y por acá la UP y el FA), que cree que la realidad económica se adaptará a la fantasía política; que basta con subir el salario mínimo para que todos sean más ricos y más felices; que con congelar precios se acaba la inflación; que prohibiendo el lucro en educación va a mejorar la calidad; que las fundaciones sin fines de lucro son mejores invirtiendo que las empresas. O que subiendo impuestos se desarrollan los países. Nuestros vecinos son maestros en eso. Como Evita que creía que regalando colchones iba a solucionar la pobreza o nacionalizando los trenes iba a abaratar el costo del transporte. Es demasiada la ignorancia económica y la estulticia política para soslayarla. No somos países pobres porque no tengamos riqueza, sino por la ceguera económica de nuestros líderes políticos y la ingenuidad del votante promedio que cree que ser realista es pedir lo imposible, y que piensa que trabajando menos va a ganar más. O que votar por un populista es una opción gratis que, si resulta bien, genial, y si no resulta, no pasa nada. La verdad es que termina peor que antes, como tristemente saben los argentinos.
La nueva izquierda que surgió con los Jackson, Winter, Boric et al, es la guaripola de la fantasía política, como aquel proyecto payasesco del gas a precio justo, o la sinrazón de los «encadenamientos productivos». O creer que con el «otro modelo» habían desarrollado una alternativa al capitalismo.
Ahora enfrentaremos un nuevo gallito entre realidad y fantasía a propósito del MEPCO y las alzas de combustible. Algunos creen que Chile puede inmunizarse de una guerra que hace subir el precio del petróleo y con ello de toda la energía a nivel mundial. Que podemos tapar el sol con un dedo y recurrir a las arcas fiscales para que la señora Juanita - que ni maneja- financie al camionero o automovilista de turno con precios artificialmente bajos. No hay nada más pernicioso que permitir que la política meta sus manos en los precios. Estos son un lenguaje y la política solo puede distorsionarlo (como lo vimos en Argentina con el gas).
Si usted está sufriendo por el alza de los combustibles y cree que su vida es miserable, piense en los ucranianos que llevan 4 años en guerra, en los iraníes que son liderados por unos psicópatas y les llueven bombas desde el cielo. Y qué decir de los israelíes que 6 veces por noche deben meterse en sus refugios anti-misiles. O los cubanos que no tienen luz, emigran los que pueden y los que se quedan se mueren de hambre y a oscuras por culpa del comunismo que los gobierna. Demos gracias a Dios que vivimos lejos y que lo único que vamos a tener que sufrir por el momento es el alza de la bencina.
La fantasía política ha tenido dos aliados por estos lados: los abogados que creen que la majestad de la ley puede hacer desaparecer los costos en la economía en circunstancias que sólo los traslada. Y los ingenieros que creen que la realidad es modelable y el comportamiento humano predecible al detalle (Transantiago, SAE, etc…). Chile progresa cuando la hegemonía la tiene la economía y la libertad de las personas y se estanca cuando la posta la llevan los abogados y el dirigismo estatal. Hoy hemos optado por la realidad económica sobre la fantasía política. Ojalá nos dure, porque me temo que lueguito se pueden empezar a escuchar, primero en las encuestas y después en el Congreso, «basta de realidades queremos promesas».
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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