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Publicado en La Segunda, 25.03.2026
Publicado en La Segunda, 25.03.2026 Rodrigo Rojas Vade fue encontrado dentro de un auto abandonado en estado de coma, casi muerto, amarrado por completo. En sus brazos tenía escritos a plumón unos mensajes contra la izquierda. Parecía un crimen, pero al parecer no era tal, sino un autoatentado. Habrá que esperar.
Hoy conocemos el drama del personaje, pero no hay que olvidar que Rojas Vade fue un símbolo incuestionable del estallide. Durante esos meses, exhibir su falsa enfermedad y sus falsas penurias le sirvió para recibir atención y piedad. Su victimismo le hizo ser idolatrado por toda la izquierda —y centroizquierda— durante no meses, sino años. Vivió a costa de un drama —como muchos hacen en sus vidas privadas— que además de ser completamente falso, le significó no solo llegar a redactar nuestra casi Constitución: obtuvo 48 de los 78 votos necesarios para ser vicepresidente en la primera votación de la Convención. Quedó segundo, una locura total, pero en eso estábamos, no hay que olvidarlo.
«¿No estará operando un deseo, unas oscuras ganas de que todo esto simplemente ocurra, de que existan esos asesinos de derecha y esa maldad en Milei, Piñera y ahora Kast?»
Conociendo el historial de engaños de Rojas Vade, lo mínimo, ante este lamentable evento «automovilístico», era ser extremadamente cauteloso antes de especular o emitir cualquier declaración, especialmente si se era autoridad. Sin embargo, el senador comunista Daniel Nuñez no contuvo su ímpetu y dijo literalmente que esto era «un secuestro planificado por grupos de ultraderecha». El diputado socialista Manouchehri, a su vez, reclamaba que el gobierno de Kast estaba «relativizando» el hecho (¿relativizando?). Y Patricia Politzer, exconvencional y miembro destacado del inolvidable grupo jesuítico liderado por Rodrigo Jordán y Benito Baranda —los «Independientes No Neutrales»—, salió a decir que «este era un inaceptable crimen de odio». Así era, tal como la izquierda lo había profetizado con Milei en Argentina e Iskia Siches con Piñera, el apocalipsis social estaba llegando desde la derecha.
¿Cómo se puede opinar con tal seguridad sobre esos «crímenes» y apocalipsis sociales sin base alguna? Y peor aún, asignando a diestra y siniestra intenciones o dolos criminales. Es un delirio, pero delirio común. Más allá de la irresponsabilidad de autoridades y líderes de opinión, ¿no estará operando un deseo, unas oscuras ganas de que todo esto simplemente ocurra, de que existan esos asesinos de derecha y esa maldad en Milei, Piñera y ahora Kast? ¿Se acuerdan del expresidente Boric cuando era diputado y acusaba de un crimen a un carabinero en Panguipulli, así, sin más? Exagerado me van a decir, pero ¿se olvidaron también ustedes, como se olvidó el presidente Boric siendo presidente, de Julia Chuñil? ¿Dónde están las marchas, las velatones, las vigilias por ella? Si tanto les preocupaba, ¿cómo es que desaparecen esa pena, esa angustia y esos dolores? Son una simple farsa. Como el feminismo, el ecologismo, la educación, la bencina y tanto más. No cejarán.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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