Realidad económica vs. fantasía política
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Publicado en La Segunda, 11.03.2026
Publicado en La Segunda, 11.03.2026
Autor: Fernando Claro
Hace años estaba en Panamá —uno de los países «estrella» de Latinoamérica— y decidí arrendar un auto para acercarme al famoso Tapón de Darién. Ahí se acaba la carretera Panamericana, la única interrupción que tiene entre Alaska y Tierra del Fuego, y empieza una selva impenetrable por donde se trafica desde droga hasta personas. Por ahí cruzan también miles de inmigrantes pobres que escapan de sus países en crisis —principalmente socialistas— al no ver futuro alguno en sus vidas, especialmente desde Venezuela, pero también desde Cuba, Haití e incluso China. Yo no iba a traficar nada, sino que tras pájaros y, si tenía suerte, lograr alguna pesca en alta mar.
Iba manejando hacia el sur, rumbo al Darién y, de repente, unos policías iniciaron una persecución contra mí. Me detuve, mostré cierta incomprensión extranjera y me dejaron seguir. Pensé que todo iba bien, pero más adelante, otros policías que venían en sentido opuesto me hicieron también una especie de encerrona. Me pidieron documentos y explicaciones de por qué escapaba de los controles policiales. Yo no sabía de qué hablaban. Me subieron a dos policías atrás y me hicieron manejar directo a un retén. Ahí me quitaron el pasaporte, el teléfono y me revisaron por completo. Estaban obsesionados con mis maletas. Me tuvieron cerca de cuatro horas incomunicado, sin entender qué estaba pasando. De repente, volvieron a mis maletas y descubrieron un libro sobre pájaros. Como el autor era yo, se sorprendieron y me preguntaron si era científico. Fui lo suficientemente ambiguo para que empezaran a elucubrar no sé qué historias. En unos minutos me sacaron un parte por «manejo desordenado» y me soltaron.
«Somos un oasis latinoamericano, pero desde 2011 nos inventaron que vivíamos en un infierno. Habrá entonces que reordenar este oasis».
Días después, al devolver el auto en el rent a car, me dijeron que era simple: tenía que sobornarlos con 20 dólares a cada uno y me habrían soltado ipso facto. Me habían advertido que ante esas situaciones hiciera algo así, pero fui incapaz. ¿Cómo se soborna a un policía? Simplemente no sé, los chilenos no sabemos, porque vivimos en un oasis, digan lo que digan.
Sobornar es costumbre en toda Latinoamérica, menos en Chile —quizás se salva Uruguay—. Somos un oasis en policías, salud, educación, infraestructura, conectividad y tanto más, pero desde 2011 nos inventaron que vivíamos en un infierno. Hay mucho por mejorar, obvio, pero antes éramos parte de ese mediocre promedio latinoamericano, sin hospitales, colegios ni parques. Íbamos bien encaminados y, sin embargo, en un delirio constitucional, estuvimos a punto de perderlo todo. Hoy, cuando Boric se va, tenemos que ser agradecidos, porque su gobierno demostró que sus «buenas» intenciones eran falsas y que sus ideas eran inútiles y perjudiciales. Los chilenos nos vacunamos contra sus ideas y logramos contener la destrucción del país en 2022. Habrá que mantener la vacuna activa y reordenar este oasis. Lo que no entiendo es cómo tantos le creyeron. Y menos cómo algunos todavía le creen.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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