El confuso rechazo a una política de cooperación internacional sobre inmigración que acaba de anunciar el gobierno de Sebastián Piñera parece ser más una puesta en escena que una opción política clara.
En Occidente, el poder de las religiones desapareció, pero en las ideologías, el afán de censura —aunque disminuido— se disfrazó, se invirtió y luego, en las redes sociales, se exacerbó.
Por eso, para mí, lo más pertinente respecto a Bolsonaro sería insistir en que hay que saber esperarlo. Asumir que algún día llegará alguien así al poder y que esa es una buena razón para no otorgarle más atribuciones al Estado.
Más allá de nacionalismos y buenismos, lo que creo que debería hacer Chile es, al menos, pedirle a Bolivia que parta por habilitar el tren de Arica a La Paz.
Hay entonces que ponerse de acuerdo: o dejamos que sólo existan empresas chilenas, rentistas y regalonas o abrimos los mercados para que compitan.
Una sociedad no puede permitir que su salud pública se niegue a dar servicios básicos. Si el Estado se propone instalar un hospital en un lugar remoto, debe obligar a quienes quieran operarlo a entregar servicios básicos.
Cualquier persona que hubiese seguido estos últimos años a Mauricio Rojas sabría que nunca ha sido un negacionista y ni siquiera un apologista parcial de la dictadura.
Hay que obligar al empresario a gastar plata como uno quiere. Esas son las ideas raras que se les ocurren a las personas hoy. Y ahora le tocó a lansa.
Baradit, el escritor que ha hecho de la moralina una profesión en las redes sociales al ubicarse en el pedestal imaginario que éstas otorgan para juzgar todo, absolutamente todo, sin matices ni contextos.
Reivindicaciones femeninas completamente justificadas quedan en manos de voceras y monigotes que son un insulto a la inteligencia humana. No adherir a ellos no sería un error, sino una herejía.
Quizás algún neoliberal alienado habrá tenido la peregrina idea de introducir competencia a una práctica tan noble como observar pájaros y colaborar con la ciencia.
Los bondadosos proponen siempre la misma, extraña y contraria solución: más poder y, especialmente, más poder para los políticos.
"Desgraciadamente para algunos de sus detractores, Kast no anda prometiendo eliminar el Parlamento ni alguna raza inferior".
"Las picafloras, dominadas por los estereotipos impuestos por el neoliberalismo patriarcal, han caído cautivadas por el recién llegado Picaflor de Cora".
A falta de una izquierda ordenada y con ideas sensatas, parece que en la derecha empiezan a buscar enemigos internos. Así, durante el verano, diferentes conservadores nos entregaron un debate respecto al liberalismo y otros gajes del oficio.
"La corrección política está llegando a niveles desconcertantes y llevando a censuras ridículas, por ejemplo, en la literatura; a coartar la libertad de expresión en las universidades; y a evadir conflictos reales que luego terminan por explotar de mala forma."
Economistas que luego de unos meses de clases empiezan a dar cátedra sobre el mercado o el Estado, anteponiendo una superioridad intelectual o moral; arquitectos que enfrentados a una cita o texto de la estética de Kant se creen volando a niveles por sobre cualquier mortal.
La visita del Papa a Chile quedó marcada por sus erráticas omisiones y declaraciones relacionadas con los abusos sexuales dentro su Iglesia.
¿Es así como se custodian nuestros parques nacionales? Un chiste. La Conaf está abandonada y sin recursos.
Lo más increíble fueron las reacciones de quienes perdieron: además de los decadentes y explícitos comentarios fascistas a los que ya nos tienen acostumbrados los diputados comunistas.
«La libertad no es un regalo de Dios,
sino una conquista humana»