Toda corriente liberal estima como absolutamente necesario el respeto de los derechos y el cumplimiento de los deberes, lo que nos entrega la valorada vida en paz y en comunidad.
Las personas siguen sus intereses propios (individualismo hobbesiano), pero también se preocupan del resto de los humanos.
No hay corriente alguna del liberalismo que se olvide de la radical necesidad de la existencia de los deberes y el respeto de unos con otros. Y eso es lo que permite la cooperación y la vida pacífica en comunidad, y también de diferentes comunidades con diferentes fines comunes.
El liberalismo —y repito, en cualquiera de sus formas— nos liberó para cooperar y vivir pacíficamente en comunidad.
Pasamos a ser el 'faro' de Latinoamérica, y eso que veníamos de bien abajo. Mejor educación, mejor salud y menor pobreza, aunque a Alberto Mayol le moleste y se le olvide.
Fernando Claro, Director de Investigación y Publicaciones FPP: "Dice el mito que la torcaza sobrevivió gracias a que algunos ejemplares quedaron refugiados entre los bosques zapallarinos, donde el virus no pudo llegar".
Fernando Claro, Director de Investigación y Publicaciones FPP: "Paradójicamente, frente al tsunami de información que nos azota durante esta pandemia, la opinología está siendo secretamente diezmada".
Fernando Claro, Director de Investigación y Publicaciones FPP: "Este coronavirus, además de llenar esta cima de opinantes, trajo a la palestra, ya sin ningún matiz, el principal aforismo de la izquierda: la derecha no se equivoca, sino que es malvada".
Hoy, en la mitad de esta pandemia que tiene al mundo dado vuelta, se hizo popular otro término: 'sinofobia', el odio irracional y discriminatorio contra los chinos.
Fernando Claro, Director de Investigación y Publicaciones FPP, analiza la contingencia nacional en torno al coronavirus, las nuevas medidas para enfrentar la crisis sanitaria, anunciadas por el presidente Sebastián Piñera, y las consecuencias del levantamiento social en Chile.
"No hay que reformar, hay que retroexcavar porque es imposible que se logre algo peor, dicen los ingenieros sociales. Grave error."
Más que marcar una identidad, este movimiento ha generado una excesiva demostración de un supuesto virtuosismo. No es Bachelet versus Piñera, o parrianos versus nerudianos. Es bondad versus maldad. Yo soy bueno, formo un partido de gente pura, y el resto son los malos, los políticos y los empresarios. Yo soy bueno, voto apruebo, y el resto son malvados, los que van por el rechazo.
La real y valorable manera de condenar la violencia, entonces, no es hacerlo explícitamente, sino que no apoyarla implícitamente. Y ese es el apoyo que todos los políticos y líderes han dado, siguen dando y no dejarán de dar.
Murió Roger Scruton, uno de los intelectuales más influyentes del último tiempo. A pesar de que no compartimos muchas de sus ideas, leerlo será siempre un placer, por su sabiduría, agudeza y fina ironía. Era un férreo defensor de la supremacía del individuo por sobre cualquier colectivo y, como tal, defendió fuertemente las bondades de la tradición occidental.
Los amigos de Edwards añoraban entonces la política chilena actual, sin líderes que defiendan cuánto hemos avanzado en libertades políticas, oportunidades y cultura; con alcaldes que jaquean al Estado —o montan uno paralelo— levantando consultas ciudadanas ajenas a su ámbito.
El regocijo frente al movimiento desde el mismo 18 de octubre refleja tres torcidas actitudes humanas —además del simple odio irrestricto al Presidente Piñera—: la condescendencia, la eliminación del significado de las palabras y las asimetrías de pensamiento.
Se corrió nuestro tupido velo. Nuestros terroristas no eran amateurs. Nuestra oficina de inteligencia no investigaba y parece que era verdad que solo leían a Dostoievski. Nuestro riesgo país estaba subestimado y nuestras policías estaban incapacitadas.
Se corrió nuestro tupido velo. Nuestros terroristas no eran amateurs.
Nuestra oficina de inteligencia no investigaba y parece que era verdad que solo leían a Dostoievski. Nuestro riesgo país estaba subestimado y nuestras policías estaban incapacitadas.
El viernes 18, miles de personas se regocijaban con el Metro y Enel incendiados. Y ahora vienen a pedir paz. Quizás recién se iluminaron luego de hacer entrar al ranking otro libro, aunque en noveno lugar: '¿Cómo mueren las democracias?'.
Lo de hoy es diferente; no se pelea por vida o muerte, y estamos en democracia. No se justifica dividir ni violentarse así. Diferencias siempre van a existir, pero hoy tenemos políticos e instituciones para eso.
«La libertad no es un regalo de Dios,
sino una conquista humana»