«Con la economía me las arreglo, con la seguridad no»
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Publicado en El Mercurio, 25.03.2020
Publicado en El Mercurio, 25.03.2020 Para quienes creemos en la igualdad de género, sabemos que la cultura islámica no ayuda mucho a la causa. Sin embargo, criticar prácticas propias de algunas de sus comunidades, como la mutilación genital femenina o la poca ibertad de la que gozan las mujeres en sus Estados religiosos, ha sido confusamente calificado de 'islamofobia', es decir, de ser una crítica irracional y discriminatoria.
Esto es parte de una estrategia de los hoy de moda adalides de la bondad para invalidar a los interlocutores que, supuestamente, no piensan como ellos, una soberana ridiculez. Criticar esas prácticas es simplemente criticar de manera lógica y racional costumbres que nos gustaría condenar, tanto cultural como legalmente. Que existan en el mundo personas racistas es otro problema, y no por eso uno tendrá que acallarse frente a estas inhumanas costumbres y dejar de apuntar a las culturas y grupos que las practican impunemente (a veces en nuestros países occidentales), afectando nuestras vidas. Hoy, en la mitad de esta pandemia que tiene al mundo dado vuelta, se hizo popular otro término: 'sinofobia', el odio irracional y discriminatorio contra los chinos.
Perfecto para que otro tsunami de buenas personas persiga con sus miradas e histéricas acusaciones a quienes osen criticar prácticas de un gobierno comunista como el chino. Así, criticarlos por su secretismo y de haber censurado y acusado de mentirosos a los doctores que alertaron tempranamente del covid-19 sería irracional y discriminatorio, sería fruto de una 'sinofobia'.
¿Son incapaces de pensar a lo que las personas se refieren realmente y olvidar estos delirios de corrección? ¿Tenía que pasar esto para que se den cuenta de que se alimentan de una mera pose, y se revierta así por fin esta solapada represión y eliminación del pensamiento? De paso, estaría bueno recordar que el comunismo, cuya cultura dictatorial calza, y por algo se aviene, con la de la China imperial —donde no hay elecciones, persiguen a las 'religiones extranjeras', controlan la cantidad de hijos que las familias pueden tener, encarcelan a quienes critican al gobierno, censuran los libros de los autores que les caen mal y un eterno etcétera—, sigue influyendo en Chile, tanto cultural como políticamente.
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