“El centro del liberalismo es el ser humano”, asevera el abogado y analista chileno Axel Kaiser (Santiago, 1981).
Los empresarios tienen que tener claro que su responsabilidad con el país es también la de defender la imagen de su rol en tanto creadores de bienestar general, evitando caer en complejos de culpa y concesiones a ideas que lo único que hacen es fortalecer a aquellos demagogos que explotan sentimientos de envidia disfrazados de justicia para avanzar agendas de poder.
Mientras tanto, en mi rol de columnista seguiré invitando al pensamiento crítico, especialmente respecto de medidas que producen tanta devastación en la calidad de vida, libertad y salud de la población.
Es notable la fe del lector Pedro Gazmuri ante el evidente fracaso de las cuarentenas, que en regiones de Chile llevan mucho más tiempo que en Santiago, sin conseguir las bajas proyectadas de contagios.
Lo que hay que hacer, sostienen, además de fomentar la vida al aire libre y restringir al mínimo la vida en espacios cerrados, en los que sí tiene sentido usar la mascarilla, es instalar filtros y otros mecanismos que limpien el aire en esos espacios.
Luego de reconocer que casi todo lo que digo en mi columna es cierto, incluyendo el hecho de que las cuarentenas no funcionan 'en las comunas más pobres', un lector se dedica a atacarme personalmente.
Las cuarentenas son el mayor error de políticas públicas que hemos cometido en la historia… Los daños a la población son catastróficos.
Hay cada vez más evidencia de que las cuarentenas causan más daño a la salud mental y física de las personas —sin mencionar la economía— que el mismo virus.
Aunque es un avance que el lector Pedro Gazmuri cite estudios, ninguno de ellos permite afirmar lo que él cree, a saber, que el beneficio de las cuarentenas en términos de salud pública —muertos y patologías— es mayor que el costo.
En carta de ayer, un lector refuta mi afirmación de que no contamos con evidencia concluyente sobre que las cuarentenas y barreras sanitarias han reducido significativamente muertes y contagios en el país. Lamentablemente, el lector, que de paso descalifica la libertad personal como 'pura ideología', no cita los estudios que avalan su postura.
La carta del lector Kurt Reichard, el día de ayer, viene a confirmar lo que ha sido el común denominador de buena parte de la política para combatir la pandemia: la irracionalidad.
El mundo se encuentra ad portas de una de las transformaciones más profundas que haya experimentado.
Y así estamos, meses después del referéndum con el caos desatado, dando cuenta de la total incompetencia de nuestra élite y con la democracia en riesgo vital.
La pandemia de covid-19 podría tener consecuencias duraderas en la salud humana a través de su impacto en la actividad económica.
Será muy difícil evitar el populismo constitucional en la nueva carta, convertida desde antes de su concepción en el manantial del cual brotará a chorro lleno la riqueza colectiva, como diría Marx.
Suecia no consiguió la inmunidad de rebaño a la que apostó para prevenir una segunda ola y a diciembre de 2020 tenía más muertos que los demás países escandinavos juntos. Así las cosas, parece no haber nada más que discutir: las cuarentenas eran el camino y los suecos fracasaron.
Es curioso que los defensores de la autonomía individual como fundamento del derecho a terminar la propia vida no hayan recordado este principio cuando a los mayores de 75 años se les sometió a humillantes y arbitrarias restricciones.
Sería muy útil que, finalizando el año y de cara a una segunda ola, el Gobierno pusiera a disposición del público los estudios que demuestran la utilidad de las cuarentenas totales y toques de queda en disminuir contagios y muertos a causa de covid en Chile.
Algunos países cerraron todo, otros casi no aplicaron medidas y muchos impusieron restricciones intermedias.
El lector Mariano Fernández pretende, sin argumento, desechar los irrefutables datos sobre el daño que las ideas de izquierda han generado en California y que expuse en mi última columna.
«La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla»