¿Acaso no es el cuestionamiento y desafío permanente de los propios puntos de vista la esencia del espíritu liberal?
Concuerdo y celebro el espíritu de la nueva Ley de Identidad de Género; sin embargo, me parece que los liberales no nos hemos hecho cargo de una serie de argumentos relevantes en este debate.
Los terroristas no piensan como generales sino como productores de teatro.
Chile perdió su carácter democrático mediante una fractura que se fue incubando paulatinamente cuando se asumió, erróneamente, que su democracia debía ser superada bajo proyectos globales totalizantes.
A las barras bravas no les importa la verdad, sino mantener su postura. Con ésta construye su identidad, una que no se erige sobre una reflexión profunda, sino en algo tan primitivo como la pertenencia a un grupo. No le importa tener una sociedad con libertad, sino una donde sólo exista una forma de expresión: la suya. El problema no está en que tengan ideologías, sino que están dispuestos a negar realidades con tal de mantener la coherencia de su pensamiento.
Marx no era más que un impostor, un fraude tanto a nivel humano como intelectual.
Una sociedad no puede permitir que su salud pública se niegue a dar servicios básicos. Si el Estado se propone instalar un hospital en un lugar remoto, debe obligar a quienes quieran operarlo a entregar servicios básicos.
Si hay una lección que debemos asumir, es que la defensa y promoción de los DD.HH. no tiene que ver con proyectos políticos específicos ni con fines ideológicos o sociales específicos sino con el resguardo de los derechos individuales de las personas.
Para la izquierda chilena y latinoamericana, la defensa de los DD.HH depende de quienes ejercen el poder, el monopolio de la fuerza.
Cualquier persona que hubiese seguido estos últimos años a Mauricio Rojas sabría que nunca ha sido un negacionista y ni siquiera un apologista parcial de la dictadura.
Así como la defensa de los DDHH debe ser transversal, condenando los atropellos de regímenes de izquierda y de derecha hoy y en el pasado, la libertad de expresión para discutir sobre la forma en que se tematizan en un museo también debe serlo.
¿No estamos ante una expresión más de esa supuesta violencia estructural cuando las mujeres que se arrogan el mando contra la violencia ejercida hacia su sexo, agreden e insultan a otras por no compartir su visión y métodos?
Actualmente se tacha de neoliberal cualquier postura que ponga en duda o rechace los afanes colectivistas, estatistas e intolerantes que predominan en el debate público.
La violencia, provenga del lugar que sea, debe ser repudiada, pues el justificar el extremismo, genera inexorablemente un extremismo opositor.
¿Es razonable que un grupo esté dispuesto a hipotecarla federación estudiantil más antigua de Chile con tal de equilibrar sus cuotas de poder?
El Frente Amplio, una aumalgama de movimientos rupturistas, cuya única finalidad es destruir y refundar el orden actual.
Hay que obligar al empresario a gastar plata como uno quiere. Esas son las ideas raras que se les ocurren a las personas hoy. Y ahora le tocó a lansa.
La distancia entre las expectativas generadas y las condenas obtenidas se transforma en un problema político, pues deslegitima a la institucionalidad completa, y pone en duda la utilidad de los tribunales de justicia.
El feminismo predominante hoy en día es un proyecto intolerante y anticientífico, cuyas principales víctimas son las mismas mujeres.
En el caso chileno, el migrante parece ser la nueva justificación para acrecentar el asistencialismo gubernamental.
«La libertad es un derecho humano fundamental,
sin él no hay vida digna»