Ciudadanos subvencionando el egoísmo del legislador
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Publicado en El Mercurio, 30.05.2026
Publicado en El Mercurio, 30.05.2026 Cuando los niños que hoy van a jardín de infantes sean viejos, Chile podría haber perdido más de la mitad de su población y la mayoría de la que queda será vieja. Una generación después, el colapso demográfico volverá a reducir a la mitad o menos la población de Chile, y asi hasta que esta haya casi desaparecido por completo.
Y es que, con menos de un hijo por mujer, Chile es el tercer país del mundo con la natalidad más baja. Lo peor de todo es que no parece importarles a los líderes demasiado, a pesar de que las consecuencias de esta implosión demográfica son, sin exagerar el tono, apocalípticas. Es cierto que no sabemos qué ocurrirá con la tecnología ni con las olas migratorias, pero si las cosas se mantienen relativamente similares, Chile colapsará demográfica, económica, social y políticamente.
«Se desatará una verdadera guerra de generaciones entre los viejos que votaran cada vez por mas beneficios y los pocos jovenes que deberan financiarlos»
Vamos viendo. El colapso demográfico es algo ya acreditado que no merece mayor discusión, pues de aquí a setenta años seremos, tal vez, alrededor de 8 millones de personas. Ahora bien, los efectos sobre la economía serán colosales. De partida, no existirá fuerza de trabajo joven suficiente, con lo cual no podrán sostenerse la mayoría de los sistemas que dependen de eso. Una clínica que requiere de enfermeras y doctores, por ejemplo, tendrá dificultades enormes para funcionar. El área de servicios en general sufrirá una crisis generalizada por falta de personal. No habrá electricistas, gásfiter, recolectores de basura, dentistas, obreros, policías, mineros, etc., y los que haya costarán una fortuna.
Se podrá decir aquí que para eso está la inmigración, pero resulta que casi todo el mundo, menos África subsahariana, enfrenta un problema similar a Chile. Y salvo que el país quiera terminar siendo mayoritariamente africano y posiblemente musulmán, no es opción abrir las puertas a ese tipo de migración, que suele ser un costo más que un aporte.
Tampoco habrá mayor innovación, pues esta es propia de generaciones jóvenes, como acredita casi toda la evidencia sobre la materia. En otras palabras, el país se empobrecerá de manera importante para los sobrevivientes, que tendrán una calidad de vida mucho peor que la actual, salvo, insisto, algún milagro tecnológico que hoy no se ve.
El sector inmobiliario, por cierto, también colapsará, pues una población decreciente requerirá cada vez menos viviendas, oficinas, segundas casas y así sucesivamente. Tendremos ciudades y pueblos fantasma, y sectores completos del país deshabitados, con todos los efectos geopolíticos que ello podría tener.
Desde el punto de vista fiscal, la quiebra del Estado parece inevitable, dado que habrá muy pocos pagadores de impuestos y demasiadas personas viviendo de lo que pocos producen. Los gastos en pensiones serán explosivos y en salud más aún, llevando a una posible destrucción de toda la red sanitaria y la vida de los jubilados.
Políticamente, el sistema democrático será llevado al límite, pues se desatará una verdadera guerra de generaciones entre los viejos que votaran cada vez por mas beneficios y los pocos jovenes que deberan financiarlos. Una primera señal de esto se ve en la eliminación de contribuciones que el Gobierno, erróneamente, propuso solo para los mayores de 65 años. En un país en vías de extinción, lo lógico sería eliminarlas para jóvenes también, pues una de las razones por las que hay pocos niños es por el costo de la vivienda que los políticos imponen a las familias.
Por lo demás, los mayores de 65 años hoy gozaron en sus años de trabajo del mejor país de la historia en términos económicos, y ahora, después de haber usufructuado y luego arruinado ese país, exigen indirectamente que los jóvenes, con mucho menos oportunidades de las que tuvieron ellos, los financien. La verdad es que, siendo inmorales y sirviendo para corrupción y despilfarro municipal, las contribuciones se deberían eliminar para todos.
Como sea, podemos esperar de aquí en adelante más propuestas a favor de los viejos y más carga para los jóvenes, especialmente con familia.
Lo peor de la presente crisis demográfica nacional, sin embargo, será la soledad, que ya está afectando a un enorme porcentaje de chilenos. Será un país cada vez más depresivo, lento, triste y moribundo, lo que sin duda llevará a la legalización de la eutanasia como forma de aliviar una existencia sin sentido para muchos viejos.
Así las cosas, sería deseable que la clase dirigente tome en serio el hecho de que Chile enfrenta lejos la peor crisis de su historia, una que podría ponerle fin como nación.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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