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Liberalismo Publicado en El Mercurio, 17.02.2018

Liberalismo

imagen autor Autor: Axel Kaiser

Señor Director:

El término "liberalismo" parece haber surgido en Francia cerca del 1800 para referirse a la filosofía individualista y partidaria del libre mercado de Benjamin Constant y Madame de Staël, quienes se oponían a Napoleón. Adam Smith, por su parte, utilizó numerosas veces el concepto "liberal" refiriéndose a políticas y arreglos que, asumiendo una igualdad moral entre los seres humanos, los dejarán libres de perseguir sus fines sin intervención ajena.

Así, la libertad se entendía como la ausencia de coacción arbitraria por parte del Estado y de terceros, y el liberalismo, como un programa filosófico y político que buscó protegerla limitando el poder de quienes detentan el monopolio de la violencia física. De ahí el compromiso con la igualdad ante la ley y el mercado.

A fines del siglo XIX, debido al trabajo de pensadores como T.H. Green, el concepto "libertad" fue parcialmente vaciado de su contenido original e identificado con el de poder y riqueza -algo que también haría Marx-. Según esta nueva postura, una persona era libre solo si podía efectivamente conseguir los objetivos que se había propuesto. En otras palabras, un rico era libre porque podía hacer lo que quería; un pobre, no. Como es obvio, esta nueva idea de libertad requería de que el Estado, antes limitado, interviniera ahora afectando la propiedad y libertad de unos para proveer de los medios necesarios a otros de modo que pudieran satisfacer sus aspiraciones.

El concepto liberalismo fue así distorsionado de su sentido original, que buscaba limitar el poder, siendo reemplazado por uno incompatible que consiste en incrementar el poder del Estado sobre los individuos bajo el pretexto de hacerlos libres. Este segundo tipo de liberalismo intervencionista, aunque encuentra puntos en común con el primero, es agresivo con la libertad original y con la igualdad ante la ley y es al que adhiere la izquierda de hoy. En cuanto al neoliberalismo, este no es más que el sucesor -algo empobrecido- del liberalismo originario, y sus resultados, como ha mostrado Deirdre Mccloskey, han sido parecidos: una explosión sin precedentes en la historia humana en el progreso económico y social de la población, de lo cual nuestro país es un irrefutable ejemplo.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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