El incisivo Sr. Xu

El escrito en el que el embajador de China acusa al diputado Jaime Bellolio de reunirse con «matones sociales» en Hong Kong se enmarca perfectamente en el concepto de sharp power, que algunos traducen como «poder incisivo». Y lo de «incisivo» no tiene precisamente un sentido positivo.

Hay dos conceptos muy útiles para definir las formas en que influyen los países en el escenario internacional. Según Joseph Nye, una referencia obligada en materia de relaciones internacionales, estas son el hard power y el soft power, o «poder duro» y «poder blando».

El poder duro se expresa como coerción y se apoya principalmente en los factores militar y económico. En cambio, el blando es bastante más amable y, digamos, dialogante. Busca la atracción, usa la persuasión. Incluso la palabra «seducción» es adecuada. Es la capacidad que tiene un país, con su cultura, ideales políticos y actuaciones, de «caer bien» en las audiencias y ser admirado. ¿No vemos así a la perfecta Suiza o la abierta y tolerante Canadá?

La carta publicada en El Mercurio el pasado 1 de septiembre, y firmada por el Sr. Xu, embajador de China en Chile, no fue un desliz diplomático. No es que el embajador haya fallado en representar a su país proyectando una buena imagen y usando el poder blando. El escrito, en el que el Sr. Xu acusa al diputado Jaime Bellolio de reunirse con «matones sociales» en Hong Kong, se enmarca perfectamente en otro concepto: el de sharp power, que algunos traducen como «poder incisivo». Y lo de «incisivo» no tiene precisamente un sentido positivo.

El sharp power es una de las especialidades de los gobiernos autoritarios y requiere tanta habilidad como poco escrúpulo. No es blando ni amigable, pero tampoco abiertamente duro. Se expresa mediante la manipulación, la censura, la confusión. Incluso la agresividad. Así, muchas de las maniobras y principios que usan los gobiernos autoritarios para suprimir el pluralismo político y estrujar el cuello de la libertad de expresión son, de alguna manera, llevados al exterior, claro que con cierta adaptación.

“Para Beijing, «orden social» y «armonía» son sumisión sin chistar.”

El diplomático chino mostró su indignación porque el «matón social» con quien se reunió el diputado es nada más y nada menos que Joshua Wong, un joven de 22 años que está dándole dolores de cabeza al régimen autoritario de Beijing. Desde los 14 años, Joshua, con otros compañeros de su edad y seguido por muchos hongkoneses, está parándose frente al aplastante y oprobioso tanque chino, como aquel hombre de Tiananmen. Y eso no le parece simpático a Beijing.

El Sr. Xu, en su explicación, presentó a Joshua y a sus «cómplices», que están decididos a que el régimen de partido único no barra con las libertades de Hong Kong, como delincuentes que atentan contra la armonía y el orden social. Para Beijing, «orden social» y «armonía» son sumisión sin chistar.

Luego hace el Sr. Xu un recuento de las bondades y logros de China —y son reales su crecimiento y la salida de millones de la pobreza—, pero los hongkoneses son algo así como una prueba incómoda de que en Asia se puede tener progreso con libertad, otra idea pésima para el Partido Comunista chino.

En fin… el a estas alturas incisivo Sr. Xu manda al diputado a ocuparse del pueblo de su distrito, en un estilo muy similar al de Maduro o al de los cancilleres chavistas cuando quieren bloquear las críticas por apalear, liquidar y encarcelar manifestantes. Si en ese tono hablan a un diputado chileno, imaginen cómo tratan a los disidentes chinos. Además, ese «saca tus narices de mi predio, que aquí mando yo», niega que la universalidad de los derechos humanos nos obliga a todos a preocuparnos y ocuparnos cuando son estos pisoteados.

 

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