El Frente Amplio. Ni único, ni grande, ni nuestro

Gracias a los cuidados de mi señora y a que todos los días me tomo un jugo de naranja, me veo de la manera que usted aprecia en la foto. Melena al viento, mirada penetrante y cutis terso, un verdadero Apolo del periodismo. Con una mirada más atenta, sin embargo, advertirá una más que incipiente calva, una rebelde papada y unos anteojos que ocultan una senectud que nos recuerda que el tiempo no pasa en vano y que la lozanía juvenil tiene fecha de vencimiento.

No es nueva en Chile ni en el mundo esa juventud rebelde, esos chascones medio intelectuales que quieren cambiar el mundo y que reniegan de la vieja política y de los ritmos de cambio que impone una sociedad civilizada en la que conviven personas de distintas generaciones e ideas. Tuvimos al MAPU, la IC, el MIR, el VOP y la Ramona Parra. El mundo tiene a Podemos, Corbyn y Maduro.

EL FA es el hijo del cinismo de la Concertación, que en vez de educar a sus hijos que la crisis de nuestra democracia no se debió a la ambición de Pinochet, sino al colapso de las malas políticas públicas, se dedicaron a reivindicar con nostalgia los tiempos pasados. Nunca les dijeron que tuvimos un sistema previsional de reparto que terminó capturado por unos pocos y quebrado, de ahí las AFP. Que tuvimos un sistema electoral proporcional que terminó con un Congreso atomizado e ingobernable, de ahí el binominal. Que tuvimos un Estado redentor y terminó con una burocracia que ahogó a la sociedad civil con impuestos expropiatorios que destruyeron el emprendimiento y con una inflación agobiante para los pobres, de ahí el Estado subsidiario y el Banco Central autónomo. En Chile las hicimos todas: expropiamos a los ricos, exiliamos económicamente a nuestros profesionales e incluso les robamos las minas de cobre a sus dueños y ni así construimos una sociedad más próspera y justa. Nunca tuvimos plata para una educación masiva, gratuita y de calidad y tampoco la tenemos ahora.

“La Concertación abrazó en silencio las políticas heredadas de los “Chicago”, pero no las defendió. Las culpó de nuestros males en vez de bendecirla por nuestros bienes.”

La Concertación abrazó en silencio las políticas heredadas de los “Chicago”, pero no las defendió. Las culpó de nuestros males en vez de bendecirla por nuestros bienes. Se excusó de no cambiarlas por los enclaves autoritarios. Jamás les explicaron a esos jóvenes que “en la medida de lo posible” no era un mínimo aceptable, sino un máximo aconsejable. Sus hijos miraron la realidad a través de los prejuicios de sus mayores, y los resultados están a la vista. Esos millennials critican a sus padres por conformistas. ¿Cómo culparlos de que idealicen el pasado si nunca les dijeron la verdad?

Los movimientos juveniles terminan desvaneciéndose por su falta de organización interna o concentrando el poder en un caudillo, más decidido, cruel y ambicioso que el resto. Así Stalin dio cuenta de Trotski, Zinoviev et al, y Fidel hizo lo propio con Cienfuegos, el Che y el resto. Basta esperar un poco para ver lo primero, porque el FA ya mostró lo segundo con Mayol.

Los experimentos socialistas que buscan el paraíso sobre la tierra, al poco andar, se reinventan en democracias o devienen en tiranías que hacen del paraíso un infierno. Un ejemplo de reinvención exitosa fue Israel, que nace con una épica comunitaria, pero que nunca renunció a la democracia representativa, a la propiedad privada ni a premiar el éxito. En cambio, casos de paraísos que terminan en infiernos, como Cuba y Venezuela, los tenemos en todos lados.

El FA se parece a las garotas de Rio de Janeiro. Desde lejos, todas se ven jóvenes y estupendas, pero una vez que uno se acerca no todas son tan estupendas ni tan garotas. El FA no ha agregado votación a la izquierda, solo ha jubilado a una generación política y ha privado de juventud a partidos que torpemente no les dieron espacio para crecer en ellos. Yo creo que el FA envejecerá mal, porque no tiene ideas nuevas, las que tiene no funcionan, y no entienden la causa, origen y fragilidad del progreso.

Por eso mi pronóstico para ellos no es bueno. La lozanía juvenil se esfumará, las ambiciones personales aflorarán, la épica devendrá en rutina y sus votantes madurarán y aprenderán que el mundo mejor se construye de a poco, entre todos y sin saltarse etapas. Por eso la inmensa mayoría de los chilenos no votó por ellos y salvo que cambien mucho, tampoco lo hará.

 

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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