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¿Y quieren que votemos por ellos?  Publicado en La Segunda, 13.08.2025

¿Y quieren que votemos por ellos? 

Una de las causas del estallide, o más bien de por qué el estallide llegó al nivel de violencia al que llegó, fue la falta de renovación de políticos. Hay miles de razones de por qué ocurrió lo que ocurrió, pero además de esa «Era Caburga» de dieciséis años de Bachelet-Piñera-Bachelet-Piñera, fue importante que tanto la izquierda como la derecha —esta última en menor grado— fuesen incapaces de renovar los puestos de poder, de abrir esos diques y de entregar así ese vil dinero. 

Porque no me van a decir que les interesaba hacer el bien, o la adrenalina, o que no tenían nada más que hacer. ¿Habrá que bajar sueldos? ¿O permitirles trabajar, como en Suiza? En fin, en la izquierda, ese bloqueo trajo el implacable gritoneo de unos jóvenes energéticos asesorados por mesiánicos académicos y operadores de la más baja calaña. Se generó un clima de opinión favorable a ellos, redes sociales y novedad mediante, que hizo a la centroizquierda incapaz de defenderse de nada más y nada menos que sus hijos, hijos patéticos que siguen confirmando su patetismo. El feminismo por Monsalve, la creación artística de Procultura y el fin de los campamentos vía Democracia Viva fueron la confirmación del «win-win» de las tomas de terrenos, de la inexistencia de los ahorros en las AFP y del «amiga yo te creo». Tal como pedir al Pelao Vade como vicepresidente de la Convención Constitucional.

«Y qué decir la pyme del senador Chahuán: ahora que no puede repostular al Senado, quiere presentarse como diputado, tal como lo hicieron en Magallanes los Bianchi, padre e hijo, una pyme patagónica mezcla de Chahuán y Coloma. Todo esto simplemente hay que prohibirlo. Urgente».

Adiós a la racionalidad. La pérdida de pegas y la desesperación iniciada por la llegada de Piñera en 2010, que trajo consigo como ilustre enemigo al lucro pecaminoso y demoniaco, se agravó con su vuelta en 2018. La desesperación era mayor. No se sabía qué hacer, y ante la explosión de 2019, no quedaba otra que entregarse por completo al fuego y al golpe de Estado no tradicional que casi logra tomarse La Moneda. Habían sido años demasiado placenteros, veinte años de solazarse entre los Sauvignon Blanc y congrios fritos de Valparaíso. Desde ahí, tranquilos, operaban, se reían y se repartían cargos, embajadas y uno que otro directorio privado. ¿Por qué no repetirlos? Querían una última patita y que luego «los cabros» se hicieran cargo. Incluso a costa de Chile y los chilenos —como los argentinos—, mediante esa elegante propuesta constitucional. No lo lograron. Y ahora la derecha, ad portas de gobernar, empieza con lo mismo: bloqueos, ninguneos, pataletas infantiles y pymes políticas que los asemejan al Partido de la Gente.  

Hay que hacer algo. Además de los famosos «umbrales», hay que intentar hacer algo para evitar más pymes como la de los Coloma —difícil, pero al menos hay que apuntalarla—. Y qué decir de la del senador Chahuán: ahora que no puede repostular al Senado, quiere presentarse como diputado, tal como lo hicieron en Magallanes los Bianchi, padre e hijo, una pyme patagónica mezcla de Chahuán y Coloma. Todo esto simplemente hay que prohibirlo. Urgente. 

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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