Obligar a escuchar, obligar a gestar
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Publicado en El Dinamo, 05.04.2020
Publicado en El Dinamo, 05.04.2020 “Innecesario”, “bochornoso”, “error no forzado”. Defina como quiera la foto del presidente Piñera en Plaza Baquedano. Como quiera, mientras que en su concepto no asome un tufillo fascista que deje entrever la idea de que los espacios públicos están reservados para algunos y proscritos para otros, porque es tan cierto que Piñera “podía estar ahí” como el hecho de que “no debía estar ahí”.
Las “Piñericosas” van con el personaje y no hay ejército de asesores capaz de frenar o prever el complejo comportamiento de Sebastián Piñera, no hay prudencia capaz de hacer frente a tanta imprevisibilidad. Ni el mejor asesor político del mundo hubiera sido capaz de adivinar que el Presidente se iba a sentar en el despacho de Barack Obama o que al “Zafrada” le diría que le trajo unas “frazanas”. Es cierto que ha habido consejeros tan bisoños que han causado “Piñericosas” —¡¿A quién se le ocurrió poner la bandera de Chile dentro de la Estados Unidos en la visita a Trump?!—, pero son casos excepcionales ya que Piñera no necesita impulsos externos para meter la pata.
Piñera debe pensar seriamente en renunciar primero al piñerismo.
La labor de los orejeros del Presidente no está en evitar lo inevitable. Lo relevante de las “Piñericosas” es cuánta gente está dispuesta a quitarle hierro a estas chambonadas y salir en defensa del mandatario por las cosas buenas que está haciendo. Por esta razón y dado que es imposible renunciar a la “Piñericosas”, Piñera debe pensar seriamente en renunciar primero al piñerismo.
El piñerismo es la doctrina política que consiste en maltratar a los votantes de derecha a cambio de rascar unos cuantos votos del contrario. Así, como dijo Jiménez Losantos de Rajoy, la praxis piñerista consiste en la “renuncia del ser por el estar”. Es una estrategia que, como todas, es esclava del contexto en la cual se practica y no debemos negar los buenos resultados que tuvo en su tiempo tener al público de derecha como cautivo. Pero los buenos tiempos del piñerismo han pasado y el 6% de apoyo de la pasada Encuesta CEP mostró que una cosa es ser cautivo y otra incondicional y que con los incondicionales del piñerismo no alcanza para estar en el poder. Existe un porcentaje considerable de la población que le niega la sal y el agua a Sebastián Piñera y que, en lugar de ser oposición, practican psicología inversa con el Gobierno. Si actúa conforme a su programa lo odiarán y también lo hicieron cuando pretendió hacer lo contrario (porque la izquierda no admite imitaciones).
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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