Un foro donde Chile solo puede perder
Señor Director: En carta de ayer, Claudia Sanhueza insiste en que Chile debe estar representado en un foro internacional donde […]
La Segunda 16-09-2026
La Segunda 16-09-2026 Días después de hablar con Fernando Claro (Santiago, 1984), y como suele suceder cuando los hechos pasan demasiado rápido, complementamos esta conversación sobre los primeros seis meses del Gobierno de José Antonio Kast con un debate que varios analistas ya han verbalizado: ¿qué debe hacer La Moneda ante unas perspectivas económicas sombrías para el futuro inmediato? En una columna en «El Mercurio», Vittorio Corbo lo ponía así: el mediano plazo se ve bien, el problema es cómo llegamos allí.
En otras palabras, ¿cuánto debe flexibilizar su programa el ministro Jorge Quiroz?
«Leí esa columna de Corbo. Me parece que conversa bien con lo recién anunciado por el ministro en Madrid, que va en línea de concentrarse en la reconstrucción, la vivienda social y los subsidios a la contratación de empleo, además de la flexibilidad laboral que es urgente, especialmente en lo de cómo calcular las famosas 40 horas. Lo crucial para el mediano y largo plazo es que las medidas, con excepción de esta última, sean focalizadas y transitorias, algo difícil de pedirle a los políticos», dice este economista y director ejecutivo de la Fundación para el Progreso.
Al margen de la poca fortuna que, según Claro, ha tenido el Gobierno, apunta a que el Ejecutivo debe mejorar su coordinación —evitando errores como la reforma de seguridad— teniendo en cuenta que la aprobación ciudadana será cada vez más esquiva.
—¿Cómo has visto al Gobierno en estos seis meses?
—Algo errático y ajustándose, normal en instalaciones, aunque nunca al nivel de desorden o fuera de foco como tener a una ministra del Interior dando datos falsos sobre supuestos chascarros de otros gobiernos, funcionarios corriendo a pata pelada por La Moneda por caprichos estéticos o un ministro de Educación haciendo campaña en otras materias, como hacía el ministro Ávila, «elprofeavila» como le llamaban, que se paseaba por colegios haciendo proselitismo para la reforma de pensiones. La gente se olvida de esto, pero hay que recordarlo. La excepción al desorden en estos seis meses es fruto de la fuerza y claridad del equipo del Ministerio de Hacienda. Ellos lograron manejar la agenda y cambios legislativos. Sin embargo, ya deberíamos dejar de enjuiciar al Gobierno desde la perspectiva de su instalación, eso se acabó.
—Algunos analistas sostienen que la «cuenta corriente» con que llegó Kast a La Moneda está agotada.
—Si te refieres a la forma de cómo debe ser evaluado el Gobierno, esa cuenta sí está agotada. Se terminó la instalación. Aunque eso es para los analistas políticos, quienes además de ser justos en sus análisis, deberían ser transparentes con el lugar desde donde opinan. La ciudadanía, sin embargo, gastó esa «cuenta corriente» mucho antes, ya que la paciencia con los políticos y los gobiernos dura muy poco en estos tiempos, pase lo que pase. Está demostrado que se culpa a los políticos por todo, desde cómo amaneció el día hasta las reformas políticas puntuales, así que la guerra en Irán y los temporales han sido una mala suerte para Kast. Lo otro es que la economía no despega por la minería y las otras exportaciones importantes de Chile, que, al frenarse de manera exógena, han frenado mucho el crecimiento y no hay mucho qué hacer. Todo eso se suma a la inseguridad y problemas laborales por las leyes de Boric y la inteligencia artificial.
—¿Y qué te ha parecido el liderazgo de Kast? Se ha conversado harto sobre el amplio espacio de acción que le da a sus ministros, más parecido a Frei que a un Piñera. José Joaquín Brunner ha dicho que «es una figura presidencial relativamente ausente».
—Sí, se nota algo de eso; pero Kast no tiene por qué ser parecido a uno u otro expresidente, cada uno tiene su estilo. Lo importante es que con su estilo ordene a sus equipos, marque agenda y saque adelante sus proyectos. Las clásicas tensiones que generan los segundos pisos desde el 2010 en adelante deberían ordenarse, al igual que los enredos entre ministros, y el único que puede ordenar ahí me parece que es el Presidente.
—Te llevo al debate de los últimos días: ¿es iliberal este Gobierno?
—No, no han coartado ni están buscando coartar libertades personales ni el funcionamiento de nuestra democracia liberal desde dentro del proceso democrático, para hablar en los términos que está de moda definirlo. Es muy triste leer a gente de izquierda haciendo estas acusaciones y al mismo tiempo escribiendo que el proyecto constitucional que rechazamos en 2022 era respetuoso con las libertades personales y la separación de poderes. Un chiste. Tendremos que trabajar mucho, e intensamente, para que no reescriban la historia en el futuro.
—Te lo menciono porque la reforma constitucional propuesta por Kast, y de la cual fuiste muy crítico, parece esconder ciertas inclinaciones, no sé si autoritarias, pero por ahí. Al menos es la expresión de ideas que querrían verse realizadas. ¿Crees que es la demostración de que hay un sector ultra al interior del Gobierno?
—Esa reforma era muy negativa para quienes creemos en las libertades personales y la separación de poderes y sus mutuos controles como una condición necesaria para mantenerlas. Reformas que buscan menguar libertades y contrapesos ha habido muchas en la historia democrática y no por plantearlas se puede catalogar a un Gobierno como iliberal. En este caso puntual, al Gobierno le quedó claro que se equivocó y no insistirán en ella, así que quienes insisten, quieren y necesitan que este Gobierno sea iliberal quedan nuevamente desmentidos.
—¿Hay una lección en todo esto?
—Hay dos aprendizajes de esto: uno es para ellos, para quienes llevaron adelante esto y deben sacar sus propias conclusiones, y el segundo es que quedó en evidencia que la derecha tiene principios y los respeta, ya que salió completa a criticar la reforma. Ahí una vez más se nota la diferencia total con la izquierda, que vive en un vacío intelectual total y simplemente no tiene principios. Solo operan en función de llegar al poder y aumentarlo, aumentar el control y el tamaño del Estado, no tienen otra preocupación. Su supuesto feminismo quedó al descubierto con el caso Monsalve; su supuesta integridad moral desapareció con el caso Convenios, su indigenismo existía hasta que les conviene. Operan por modas circunstanciales. Boric utiliza a los niños sacándose fotos constantemente con ellos y yendo a colegios, pero no hizo absolutamente nada por la educación escolar y para qué decir con la institucionalidad del exSENAME, nada de nada; pregúntales a los expertos en esas materias. Ahora mismo, la izquierda se opuso a una parte importantísima del proyecto de Sala Cuna sin proponer solución alguna a cambio. Una vergüenza total.
—¿Cómo has visto a republicanos? Daniel Mansuy nos decía hace unas semanas que a ese partido le faltaba entender que son oficialistas. En algunos casos parecen bien interesados en entregarse a una «batalla cultural», es cosa de escuchar a algunos de sus diputados.
—Ojalá estuviesen en la batalla cultural, cuidando eso sí los medios que les da su posición en el Estado. Ojalá estuviesen como gobernantes, toda la derecha, no solo republicanos, transmitiendo un discurso que entregase sentido y visión de mundo a los chilenos, ojalá, porque la verdad no lo veo. Este Gobierno es conservador y yo liberal, pero creo en la alianza liberal-conservadora contra la izquierda y me gustaría que se estuviese entonces transmitiendo ese marco ideológico, explicando por qué esos principios son los que liberan y mejoran la vida de las personas considerando su dignidad e individualidad. Sin embargo, no lo veo por ningún lado. Esas críticas a la batalla cultural las veo desde personas que están confundiendo batalla cultural con otra cosa, que es meterse en temas como el divorcio, la eutanasia o el aborto. Y son cuestiones nada que ver. También veo otra crítica que viene desde personas bondadosas a las que les duele usar el término batalla porque sería agresivo; pobres, deben estar sufriendo mucho al ver estas palabras en los diarios. Ojalá no sufran tanto.
—Ha sido un debate sin fin desde diciembre: ¿el oficialismo debería constituirse como coalición? Es claro que Chile Vamos apunta a eso, en republicanos tienen más dudas.
—Sería ideal que se coordinasen mejor, pero para eso se necesitan buenos liderazgos, que estén por sobre pequeñeces y logren aplacar las actitudes de los que se mueven por rencillas biográficas personales. Se puede y se debe criticar proyectos e ideas puntuales, pero hay que eliminar la tontera de criticar a una supuesta «derechita cobarde» y la otra supuesta «derecha extremista». Las derechas coinciden en prácticamente todo y lamentablemente se pelean por personalismos, por haber pertenecido o no al Gobierno de Piñera o incluso por líos de sus épocas universitarias. Se olvidan del país y los chilenos.
—El año pasado me decías que «en la derecha veo desesperación por la hegemonía». ¿Cómo miras al sector ahora? Uno tiene la sensación de que esa pugna sigue.
—Quizás porque era época de campaña, lo que es normal. Ahora que son Gobierno opera subrepticiamente y estorba su forma de gobernar, lo que es muy malo para el país.
—Al interior del oficialismo hay un debate sobre la legalización de las apuestas online. Una parte de la derecha —especialmente sus centros de estudio— ha expresado que en este tema deben primar los reparos éticos más que los económicos. ¿Cómo lo ves tú?
—Obvio que siempre deben primar los reparos éticos, pero en este caso no hay reparos éticos como para prohibirlas, ya que las apuestas no tienen nada de malo en sí. Sí tienen y generan problemas sociales, especialmente entre niños, jóvenes y quienes caen en la ludopatía, pero como también lo generan los cuchillos, los casinos y el pisco. Sin embargo, al igual que todos esos ámbitos de la vida, hay que regularlos bien. Es la mejor forma de trabajar socialmente esos problemas —controlando usuarios y auspicios, por ejemplo—. Prohibir las casas de apuestas solo generará un mercado negro que será peor socialmente. Quienes se autoperciben bondadosos y achacan materialismo económico a quienes abogamos por la regulación en vez de la prohibición deberían recordar a quienes andaban apuntando con el dedo en cuestiones morales resultaron ser los peores, como suele suceder en la historia de la humanidad.
—¿Ha cambiado algo tu perspectiva del país en estos meses? Hace un tiempo decías que estábamos en decadencia, estancados.
—Entramos en un espiral de decadencia desde que Michelle Bachelet logró pasar sus reformas educaciones y tributarias, que afectaron negativamente la educación pública y universitaria y estancaron la economía, creando además problemas fiscales. Todo ese daño institucional se agravó con las odiosidades que ella y sus asesores inocularon entre los chilenos, haciendo incluso videos animados contra los empresarios. Todo eso fue advertido una y otra vez, pero lamentablemente no hubo suficiente fuerza para contrarrestarlo. El estallido empeoró todo y nos llevó a una decadencia jamás vista en los últimos 40 años que se frenó con el Rechazo del 2022. Gracias al voto obligatorio y a los chilenos, retomamos algo el nivel de la discusión y se puede ser más optimista, pero queda mucho por mejorar tanto en nuestras instituciones como en la cultura cívica y pública. Hay que seguir trabajando.
—Tú participaste en el Foro Madrid. ¿Qué te pareció el discurso de Javier Milei? Incluso al interior de la derecha hubo un debate sobre si sus palabras y tono fueron adecuados. Con sorna, Carlos Peña escribió que «lo extraño no fue el tipo de actitud y de expresiones del Presidente argentino, sino el hecho de que la audiencia, compuesta mayoritariamente de personas aparentemente sanas y sensatas, aplaudiera enfervorizada».
—No estuve ahí escuchándolo, pero Milei es argentino y hay que entenderlo como tal. El día anterior en Buenos Aires había dado un discurso similar y más agresivo. Lleva tres años y no ha sido el fascista atroz asesino que todos decían que iba a ser. Lo mismo Meloni, ¿se acuerdan todo lo que se dijo de ella? Es realmente patético todo esto, pero bueno, Milei tiene a un país mejorando y ordenándose, y por eso se le admira, no por sus formas. Ojalá se reelija y pueda continuar su proyecto. A mí me tiene nervioso, especialmente en materia monetaria, pero sería increíble que logre llevar adelante su agenda, porque Argentina tiene mucho potencial y será un faro mundial, como lo fue Chile en el pasado entre sus vecinos, aunque no lo siguieron mucho.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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