Incompetente pero humano
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Señor Director:
De la boca para afuera los partidos políticos dicen que la Constitución será escrita y definida por la gente. Si miramos las reglas que rigen para poder inscribirse de candidatos, eso no es cierto. Un independiente necesita casi dos mil firmas, en promedio, de personas que deben ir a una notaría y pagar para dar su apoyo. Considerando las dificultades producto de la pandemia, hay una clara ventaja en favor de los partidos políticos.
Los dirigentes partidarios ni se inmutan ante esto. Por ejemplo, Guido Girardi, promotor de la promesa de una Constitución "hecha por la gente", dijo en una entrevista que la opción es que algunos cupos dentro de los partidos sean ofrecidos a independientes. ¿A quiénes? Obvio, a los que sean afines a las oligarquías partidarias y que tengan la venia de los jefes partidarios. Luego se quejan de los poderes fácticos.
Bajo la promesa de una Constitución hecha por la gente se esconde aquello que el sociólogo Robert Michels expuso en 1911 en su libro "Los partidos políticos": "Los líderes que al principio no eran más que órganos ejecutivos de la voluntad colectiva, se emancipan al poco tiempo de la masa y se hacen independientes de su control". Esto, según Michels, daría pie a la sustitución de los fines últimos del partido (sus ideales) por los fines instrumentales de las facciones dirigentes. Cabecillas partidarias que hablan de democratizar la política mientras sus procedimientos internos siguen siendo oligárquicos, propios de lo que el sociólogo Juan Linz denominó partidocracia.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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