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Milei y su derrota a la falacia feminista Publicado en El Líbero, 06.06.2025

Milei y su derrota a la falacia feminista

imagen autor Autor: Antonia Russi

Cuando el presidente Javier Milei informó el desmantelamiento del Ministerio de la Mujer y la eliminación de la figura legal de «feminicidio» en el Código Penal, el activismo feminista ardió en cólera. No demoraron en asegurar que semejantes medidas significarían un retroceso civilizatorio para las mujeres, dado que, según estas voces, les arrebataba derechos y las exponía a serios peligros en el contexto de un país con altos índices de femicidios. Así como varias defensoras del feminismo de género catalogaron las propuestas de Milei como un retorno del machismo y de la opresión femenina, en Chile se comienza a instalar el mismo discurso. No es noticia que  líderes de la Coordinadora 8M, por ejemplo, consideran que los avances de candidaturas como la Kast o Kaiser son un retroceso ya que «el machismo se instala como programa de gobierno». Junto a esto, a medida que nos acercamos a tiempos electorales el oficialismo chileno insiste en consolidar la propuesta de aborto legal, como uno de los grandes bastiones de una supuesta-y bastante cuestionable-administración feminista.

«El caso argentino nos enseña que el aumento de aparataje estatal no asegura la solución de los problemas ciudadanos. Nos revela que la actual tendencia progresista de fragmentar la sociedad fracasa cuando la realidad se impone».

A pesar de la histeria del progresismo argentino, nuestros vecinos han logrado alcanzar las tasas más bajas de homicidios en Sudamérica y con ello, la reducción de un 14,3% de los homicidios femeninos, pasando de 362 en 2023 a 313 en 2024. Además, la ministra Patricia Bullrich destacó la disminución en un 12,8% en delitos sexuales entre los años 2023 y 2024. También subrayó la baja del 35,9% en delitos de trata, «que lo sufren fundamentalmente mujeres y niños». Según la magistrada, el Ministerio de la Mujer le costaba al Estado argentino 848 mil millones de pesos, a pesar de sus deplorables resultados, los que se tradujeron en el aumento de delitos sexuales entre los años 2020 y 2023. En contraste, sin el organismo han logrado índices históricos en términos de seguridad y protección de la mujer.

Lo anterior permite detectar los reales objetivos y aspiraciones del actual feminismo de género internacional. Muchas de sus líderes empujan políticas de aborto como una cuestión de salud pública, culpan  al capitalismo de la  supuesta precariedad de la mujer en el mundo moderno e insisten en reivindicar el empoderamiento femenino desde la cultura del victimismo y el paternalismo estatal. Con ello dividen a la sociedad maniqueamente y no demoran en calificar de violadores, maltratadores y abusadores a todo quien cuestiona sus consignas. Sin embargo, cuando uno de sus aliados incurre en los delitos que ellas mismas les atribuyen a sus detractores, todos sus principios parecen difuminarse dando paso a silencios ensordecedores, auspiciados por un conveniente oportunismo político. Con todo, sus propuestas no se materializan en el bienestar ni progreso de la mujer. Así, es fácil concluir que el feminismo hegemónico ha errado en sus diagnósticos de la realidad, decepcionando a quienes les prometieron bienestar, esperanza y sororidad.

De esta forma, el caso argentino nos enseña que el aumento de aparataje estatal no asegura la solución de los problemas ciudadanos. Muchas veces, semejante burocracia entorpece la eficiencia en la administración de servicios públicos, al mismo tiempo que encarece la vida de sus habitantes. Pero además, nos revela que la actual tendencia progresista de fragmentar la sociedad fracasa cuando la realidad se impone. En términos políticos y civiles, las mujeres necesitan lo mismo que el resto. Como ciudadanas, requieren de mayor seguridad, progreso económico e igualdad ante la ley; como individuos, precisan libertad. La Argentina de Milei nos ha aleccionado magistralmente, y es imperativo aprender que frente a la honestidad intelectual, la voluntad política y un mínimo de competencias en gestión, el discurso del sofisma feminista pierde con distancia.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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